martes, 2 de junio de 2020

El alma, fiel esposa de Cristo


Mentiríamos si no dijéramos que el alma consagrada, al recibir un amor de predilección por parte de Jesucristo, también comparte de una forma muy especial su Cruz. Esto es la prueba del algodón, para ver si el amor es verdadero o no, es muy fácil estar con una persona cuando todo son pétalos de rosas, pero cuando llegan las espinas, es otra cosa…. y ahí es donde el alma consagrada demuestra la entereza de su amor a Cristo. 

Mientras estemos en el mundo, sufrimientos siempre vamos a tener, independientemente del estado de vida que escojamos, porque el sufrimiento va ligado con nuestra naturaleza humana. Pero el alma consagrada tiene una parte en la Cruz de forma muy especial, dada la estrecha relación que tiene con el que está junto a ella: Jesús. El alma se hace esposa de Cristo, y como buena esposa, debe estar junto a su esposo. Incluso en el mundo, ¿tendría sentido que el marido estuviera con sufrimientos y deshonras y la mujer no prestando atención a eso se interesara sólo divertirse? No… la misma suerte que corre el marido la corre también la mujer. Es lo mismo, Jesús está en la Cruz, y al alma consagrada le tocará tener un día la corona de espinas, otro día escupitajos, otro día los clavos… pero descubrirá que no puede haber mayor honor ni mayor gloria en esta tierra que participar de la Cruz de Cristo, como han descubierto los santos.

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