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viernes, 13 de enero de 2017

El banquete de Navidad. P. Segundo Llorente


A las siete de la noche, solo ya en mi cocina, me puse a pasear pensativo para planear el banquete de Navidad. Poco a poco me empezó a invadir un como tedio de la vida que me es muy familiar. No tenía malditas las ganas de guisar nada. ¡Si hubiera una taberna a mano!... Porque de restaurantes ni hablar.

En un cajón me quedaban dos zanahorias viejas y arrugadas que habían venido por barco durante el verano. Las lavé y las corté en rajas que hoy no me hicieron gracia alguna. Abría una lata que decía: sopa consomé.

Corté un pedazo de pan y puse sobre la mesa el turrón que me mandó de México la señora Berta Téllez, viuda de Berruecos.

Al ver juntos el turrón y las zanahorias me reí sin ganas, pero me reí, porque el contraste me trajo a la memoria el dicho gracioso de un profesor mío de filosofía muy viejo que, cuando echábamos una elegancia latina y luego se nos escapaba un disparate de sintaxis, decía: “Eso es como uno que llevase una corbata de seda y los calzones rotos”.


Al sentarme solo a la mesa me invadió una tristeza que llevaba camino de aplastarme. Como no era cosa de terminar de mala manera un día tan solemne, y como había que evitar que el egoísmo saliese con la suya, me planté, le agarré por el cuello y lo estrangulé sin compasión y con la ayuda de un pensamiento sencillísimo:

-¿No celebramos hoy tres misas y recibimos tres veces al mismo Jesucristo? ¿Y puede haber alimento terreno que se compare a mil leguas con Jesucristo? Pues entonces ¿a qué vienen esas quejas? ¿Qué alimento puede tener sabor después de haber gustado a Jesucristo? ¿A estas alturas salimos con esas?

Vergüenza primero y gozo interno después me dejaron como nuevo y pude terminar el día como Dios manda. Todos los problemas se resuelven como por encanto con solo sacar a plaza a Jesucristo.

(P. Segundo Llorente, 40 años en el Círculo Polar)

                                                                               

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Vino para servirnos y sanarnos


Dios sorprendió a la tierra con una novedad, dice el Profeta (Jer 31,22). La Encarnación del Verbo fue esa saludable sorpresa que a todos no hizo renacer en ese afortunado instante que se llamó plenitud de los tiempos: «Cuando vino la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo para redimir a los que estaban sometidos a las consecuencia de la Ley» (Gal 4, 5)

La plenitud de gracia vino con la plenitud del tiempo a reparar la ruina que ocasionó el pecado. María aceptó ser la madre del Hijo de Dios, y el Verbo eterno tomó la condición humana, comenzando a redimir al mundo.

«No desdeñó Jesús –como canta la Iglesia- el seno de la Virgen» (Himno Ambrosiano). Quien era en el seno del Padre inmenso y omnipotente Dios, se hace en el de María criatura pequeñísima y frágil. Toma forma de esclavo (Fil 2, 7) quien es Señor de todo lo creado. ¿A quién puede ocurrírsele un gesto humano de mayor amor y cercanía?

martes, 29 de diciembre de 2015

Amemos al Niño de Belén


¡Ah! y quien considere con fe a un Dios niño llorar, y dar vagidos sobre la paja en una gruta, ¿cómo es posible que no le ame, y no invite a todos a amarle, como invitaba san Francisco de Asís diciendo: Amemos al Niño de Belén: amemos al Niño de Belén. 

Él es infantito, no habla, sí que solo gime; pero ¡oh Dios! que aquellos gemidos son voces todas de amor, con las que nos convida a amarle, y nos pide el corazón. Considero por otra parte que los niños se atraen los afectos también, porque se reputan inocentes, aunque nazcan manchados de la culpa original. Más Jesús nace niño inocente, santo, sin mancha alguna. Mi amado, decía la sagrada Esposa, es todo rubicundo por el amor y cándido por la inocencia, puro de toda culpa, elegido entre miles: Dilectus meus candidus et rubicundus, electus ex millibus.(Mi amado es radiante y rubio, distinguido entre millares). 


Solo en este Niño halló el eterno Padre sus delicias, porque, como dice san Gregorio, solamente en este no halló culpa. Consolémonos, pues, nosotros miserables pecadores, porque este divino Infante ha venido del cielo a comunicamos esta su inocencia por medio de su pasión. Los méritos suyos, si nosotros supiésemos estimarlos, pueden mudarnos de pecadores en santos e inocentes; pongamos en ellos nuestra confianza, pidamos por los mismos al eterno Padre siempre la gracia, y lo alcanzaremos todo.

(San Alfonso Mª de Ligorio: Meditaciones de Adviento).


viernes, 25 de diciembre de 2015

Mi corazón sólo para amarte


 Niño Jesús, 
que mis ojos sean sólo para mirarte,
mis labios sólo para besarte, 
mis manos sólo para cuidarte,
mi corazón sólo para amarte.


jueves, 24 de diciembre de 2015

El Amor no es amado


En estos días del santo nacimiento, andaba lamentando y suspirando san Francisco de Asís por las sendas y selvas, con gemidos inconsolables. 

Preguntado por la causa de esto, respondió: ¿Y cómo queréis que yo no gima, cuando veo que el Amor no es amado? Veo a un Dios casi fuera de sí por amor del hombre y al hombre tan ingrato a este Dios. 

Pues si esta ingratitud tanto afligía el corazón de san Francisco consideremos cuánto más afligió el corazón de Jesucristo. Apenas concebido en el vientre de María, vio la cruel correspondencia que debía recibir de los hombres. Había venido del cielo a encender el fuego del divino amor, y este solo deseo le había hecho descender a la tierra, a sufrir un abismo de penas y de ignominias; y después se le presentaba otro abismo de pecados, que habían de cometer los hombres, habiendo visto tantas señales de su amor. 

sábado, 21 de marzo de 2015

P. Mendizábal (III)

La consagración de María a Dios, que ella mantuvo siempre, se realiza de nuevo en el momento en que tiene entre sus brazos al Hijo de Dios recién nacido. Allí lo tiene entre sus brazos, y le diría sin duda: “Jesús, mis ojos sólo para mirarte; véante mis ojos, pues eres lumbre de ellos y sólo para Ti quiero tenerlos, sólo para Ti. Mis labios para besarte. Mis manos para cuidarte. Mi corazón para amarte.”


(En el Corazón de Cristo, P. Mendizábal).


miércoles, 7 de enero de 2015

Epifanía (II)

               También ahora es una estrella de luz que, iluminando nuestro camino, nos lleva a la humildad de un Portal y nos muestra aquello que nos ha hecho salir “fuera de los muros de la ciudad”. Nos enseña a un Dios que siendo Dueño de todo, de todo carece… al Creador de la luz y calor del sol…, padeciendo frío…, al que viene al mundo por amor a los hombres; de los hombres olvidado.


          También ahora, como entonces, hay almas que buscan a Dios…, almas que peregrinan por el mundo buscando el Misterio del Portal. Mas por desgracia, no todos llegan a encontrarlo, no todos miran a la estrella, que es la fe; ni se atreven a adentrarse en esos caminos que conducen a Él…, que son la humildad, el renunciamiento, el sacrificio y casi siempre la Cruz.

(Saber Esperar, San Rafael Arnaiz).


martes, 6 de enero de 2015

Noche de Reyes


          Cuando esta noche en el coro me acordaba, sin yo quererlo, de mis días infantiles, de mi casa, de los Reyes…, mis hábitos blancos me decían otra cosa…, también yo, como los Magos, viene a buscar un Portal…, ya no soy niño a quien hay que dar juguetes…, las ilusiones son ahora más grandes, y no son de esta vida….; las ilusiones del mundo, como juguetes de niño, hacen feliz cuando se esperan… después, todo es cartón.

          Ilusiones de Cielo…, ilusión que dura la vida y que después no defrauda.           ¡Qué contentos volverían los Magos después de haber visto a Dios! Yo también le veré… no hay más que esperar un poco.

          Los monjes también somos niños con ilusión de noche de Reyes. No me entristece el recuerdo de mis años infantiles con juguetes de cartón… no; no añoro lo feliz que fui porque ahora espero seguro una felicidad mayor…, espero algo, que para expresarlo, la palabra felicidad no sirve… es corta.

          ¡Hoy hay fiesta en el Portal de Belén! También hay fiesta en el coro de los frailes, que pasan la noche cantándole al Niño Jesús. ¡Horas en que el mundo sueña; sueña con ilusiones del mundo…, ilusiones infantiles, flores que nacen y mueren…, o juguetes de cartón!


(Saber Esperar, San Rafael Arnaiz).


jueves, 1 de enero de 2015

Año Nuevo (II)


Empieza el año 2015. ¿Qué me prepara Dios en él?..., no lo sé…, quizá no me importe; menos ofenderle, me da lo mismo todo…, soy de Dios, que haga conmigo lo que quiera.

Yo hoy le ofrezco un nuevo año en el que no quiero que reine más que una vida de sacrificio, abnegación, de desprendimiento, y guiada solamente por el amor de Jesús…, por un amor muy grande y muy puro.

¡Señor, cuánto quisiera amarte! ¡Ayúdame, Madre mía!

(Adaptación de “Saber Esperar”, San Rafael Arnaiz).




miércoles, 31 de diciembre de 2014

Año Nuevo (I)


          ¡Año 2015, bienvenido, seas lo que seas, pues Dios te envía!... ¿Qué me traes? Lo mismo me da, pues también el Señor es quien lo envía. Que Él me ayude a servirle mejor dentro de tus días y tus meses… que Él y María me protejan como lo han hecho en años anteriores, y que cuando termines, pueda decir, no como hoy, que he dicho que estoy más cerca de Dios en cuanto al tiempo que me falta de recorrer el camino de mi vida mortal, sino que pueda decir en verdad que el Año 2015 me ha servido para acercarme a Dios, pero en santidad, en perfección y verdadero amor… Todo lo demás que no me sirva para eso, no lo quiero, pues es realmente tiempo perdido…, y mirándolo bien, y con mí conciencia a la vista, ya he perdido bastante.

¡Año 2015, bienvenido seas, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espírtu Santo!


(Adaptación de “Saber Esperar”, San Rafael Arnaiz).


domingo, 28 de diciembre de 2014

El trono del Niño (II)

          A todo esto, charlando, charlando, se nos pasaban las horas. Yo meditaba las palabras del Ángel, y de ven en cuando me respondía…

          --De acuerdo, Rafael. Tienes razón. Nunca se me ocurrirá pensar que Dios se ha fijado en mí por mis méritos. Pero podría haber buscado a un burro con más experiencia. Yo todavía no he empezado a trabajar. ¿Sabes que eres tú el primero que se me ha montado encima?

          --Sí que lo sabía. Y, como soy un ángel, puede decirse que sigues aún sin estrenar. ¿Por qué crees que no sientes ningún cansancio? Pero no le des vueltas, borrico: Dios va a ser tu único pasajero, y lo llevarás siempre por los caminos de Israel. ¡Qué gran aventura te espera, Moreno!

          --Ya. Desde luego que es estupendo… Pero entonces ¿no voy a tener un establo propio, ni una tierra donde descansar?

          --Yavé te dará el ciento por uno en establos, en tierras, en caminos y en estrellas a las que seguir… Es verdad que también te caerá alguna pedrada; pero no te preocupes: no te apuntan a ti, sino al que llevas encima. Será un gran honor para tu piel de burro sufrir los golpes destinados a Jesús, y poder mostrar las cicatrices de esas heridas. ¿No te parece?

          (Adaptación de "El Belén que puso Dios")

viernes, 26 de diciembre de 2014

El Trono del Niño (1)


Me llamo Moreno y nací justo dos años antes que Jesús. Yo vivía en un establo de Belén, y un día tuve un encuentro muy especial:


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Navidad del Hermano Rafael



¡Navidad! ¡Fiesta del Cielo, fiesta en el alma… fiesta en el hogar! De muchas maneras se puede celebrar la fiesta de las fiestas… De muchas maneras se puede esperar al Dios que va a nacer entre los hombres. De muchas maneras celebra el mundo el acontecimiento de la llegada de Dios.

Es la primera vez, en mis veinticinco años, que no estoy en casa de mis padres durante la Navidad. Voy a celebrarla este año en una Trapa, de muy diferente manera que otras veces. No sé si mejor o peor, sólo sé que con más austeridad y mayor recogimiento.

¡Navidad! ¡Cuántas cosas me recuerda! Es estos días luchará mi alma de monje que sólo busca el amor de Jesús en el silencio y la soledad, y mi alma de hombre sensible, aún no muerta a los quereres humanos, y que en su flaqueza añora el calor de la Navidad entre los suyos, en su casa; con sus padres, sus hermanos…

Ahora es distinto; ahora, Dios no me admite ni el turrón ni el mazapán, ni músicas ni cantares...; ahora Dios me pide más. Me pide algo que ya le he dado…, pues se lo he dado todo, y cuando Jesús Niño me llame a adorarle en el Portal, no sabré que ofrecerle…, le ofreceré eso, nada.
 
(Saber Esperar, S. Rafael Arnaiz).