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viernes, 14 de abril de 2017


"Dar testimonio de la verdad significa dar valor a Dios y su voluntad 
frente a los intereses del mundo y sus poderes."


(Benedicto XVI, Jesús de Nazaret 2ª parte)

jueves, 13 de abril de 2017

El remedio de todos los males


“En la Cruz se halla el remedio en las tentaciones, la obediencia a Dios, 
la caridad con el prójimo y la paciencia en las adversidades.” 


(Santo Tomás de Aquino)

martes, 11 de abril de 2017

Resolví no saber cosa entre vosotros sino a Jesucristo, y este crucificado


Todo el bien que podemos tener, toda salvación y toda esperanza, todo en absoluto lo debemos a los méritos de Jesucristo.

Todo el fundamento de nuestra salvación, está en la humana redención, llevada a cabo en la tierra por el Verbo divino.


Dijo San Pablo: Resolví no saber cosa entre vosotros sino a Jesucristo, y este crucificado. ¿Por qué escribe que no quiere saber nada más que a Jesús crucificado? Porque la muerte padecida por Jesucristo en la cruz era lo que más le movía a amarle, a obedecerle, a ejercer la caridad con el prójimo y la paciencia en las adversidades, virtudes que de modo especial practicó y enseñó Jesucristo en la cátedra de la cruz.

(Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo, S. Alfonso Mª de Ligorio)

lunes, 10 de abril de 2017

La somnolencia de los discípulos


"La somnolencia de los discípulos sigue siendo a lo largo de los siglos 
una ocasión favorable para el poder del mal"


(Benedicto XVI, Jesús de Nazaret 2ª parte)

domingo, 9 de abril de 2017

Jesucristo murió para expiar nuestros pecados


El Redentor aceptó muerte tan ignomiosa porque moría ara pagar nuestros pecados, y por eso quiso que le clavaran en la Cruz para pagar nuestras malditas licencias; quiso con su desnudez pagar nuestra avaricia, con sus humillaciones nuestra soberbia, con su obediencia a los verdugos nuestras ambiciones de dominio, con sus espinas nuestros malos pensamientos, con su hiel nuestras intemperancias y con los dolores de su cuerpo nuestros sensuales placeres.


De ahí que con lágrimas de ternura, deberíamos agradecer al Padre habernos dado a su inocente Hijo para que con su muerte nos libras de la muerte eterna: Así amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo unigénito.

(Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo, S. Alfonso Mª de Ligorio)

sábado, 8 de abril de 2017

Jesucristo nos quiso redimir por el camino de la Cruz


Cuando el verbo divino se brindó a redimir a los hombres, se le presentaron dos caminos para conseguirlo, uno de gozo y de gloria, y el otro de penas y vituperios. Mas quien con su venida no solo quería librar a los hombres de la muerte eterna, sino también conquistarse el amor de todos los corazones humanos, rechazó la vida de gozo y de gloria y eligió la de penas y vituperios. Por lo tanto, para satisfacer por nosotros a la divina justicia y a la vez para inflamarnos en su santo amor, quiso cargar con todas nuestras deudas y, muriendo en la cruz, alcanzarnos la gracia y la vida bienaventurada: Nuestros sufrimientos Él los ha llevado, nuestros dolores los cargó sobre sí.


(Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo, S. Alfonso Mª de Ligorio)

viernes, 7 de abril de 2017

Para saldar la deuda de mis pecados


Dios no podía ver plenamente su justicia con todos los sacrificios que le hubieran ofrecido los hombres, aun de sus vidas, y por eso dispuso que su Hijo tomara carne humana y alcanzarles así la salvación: Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me diste un cuerpo a propósito.

Y el unigénito Hijo consistió de buen grado en sacrificarse por nosotros y bajó a la tierra para inmolarse con su muerte y llevar a cabo la obra de la redención.


¡Oh Jesús mío oh víctima de amor, consumida por los dolores en la cruz para saldar la deuda de mis pecados!, quisiera morir de dolor al pensar en las veces que os ofendí, después de haberme vos amado tanto. No permitáis que viva aún ingrato a tanta bondad. Unidme por completo a vos y hacedlo por los méritos de la sangre por mi derramada.

(Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo, S. Alfonso Mª de Ligorio)

jueves, 6 de abril de 2017

Engañáronse los judíos



Engañáronse los judíos al fantasear que el Mesías había de venir a la tierra triunfador de todos los enemigos con el poderío de sus armas, y después de haberlos aniquilado y conquistado el dominio de toda la tierra, había de enriquecer y ennoblecer a sus seguidores.


Sobrado claramente predijeron los profetas que el Redentor viviría vida pobre y despreciada. Sabemos que fue pobre desde su nacimiento en Belén, humilde ciudad, y dentro de una cueva. Niño aún fue llevado a Egipto, donde vivió siete años como extranjero, en medio de bárbaras gentes, lejos de parientes y amigos, por lo que forzosamente hubo de vivir muy pobremente. Y cuando retornó a Judea continuó la pobreza de su vida. Ya había predicho frecuentemente, por boca de David, que durante toda su vida había de ser pobre y lleno de fatigas.

(Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo, S. Alfonso Mª de Ligorio)

miércoles, 5 de abril de 2017

La cátedra donde enseñó


"La Cruz no fue solo patíbulo donde Cristo padeció,
sino también cátedra donde enseñó".


(San Agustín)

Necesidad de un Redentor


Vino, pues, al mundo el amoroso Redentor y quiso, al hacerse hombre, remediar todos los daños que el pecado había ocasionado. Y, a la vez, no solo con sus enseñanzas, sino que también quiso con los ejemplos de su santa vida inducir a los hombres a observar los divinos preceptos, conquistando así la vida eterna. A tal fin renunció Jesucristo a todos los honores, delicias y riquezas de que hubiera podido disfrutar en esta vida, eligiéndose otra humilde, pobre y atribulada, hasta morir de dolor en una cruz.


(Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo, S. Alfonso Mª de Ligorio)

miércoles, 23 de marzo de 2016

La mayor prueba de amor, dar la vida por el amado


Cierto que Jesucristo podía salvarnos sin padecer y llevando en la tierra vida cómoda y regalada; pero no quiso. Renunció las riquezas, los placeres y las honras mundanas, y se escogió vida pobre, que acabó con muerte cargada de afrentas y de dolores. ¿Por qué padecer tantos trabajos y muerte tan cruel?


Responde San Juan Crisóstomo: “Lo que bastaba para la redención, no bastaba para manifestarnos su amor”. Una simple plegaria de Cristo era harto suficiente para redimirnos, pero no lo era para declararnos el amor que nos tenía. 

“Quiso padecer mucho, dice S. Bernardo, a fin de recabar del hombre que le amase con todo su corazón”. 

(El amor del alma, S. Alfonso Mª de Ligorio)

martes, 22 de marzo de 2016

La Cruz, manifestación del amor de Cristo


¡Amadísimo Jesús mío! Demasiado habéis sufrido para manifestar vuestro amor y cautivar mi afecto con vuestra bondad; por esto os haría gravísima injusticia si os amase con tibieza, o si dividiese mi amor entre Vos y mis criaturas.


La prueba más patente del amor que nos tiene Jesucristo es presentarse a nuestra vida cubierto de llagas, crucificado y muerto por nosotros. San Buenaventura dijo que Jesús en su Pasión nos dio a entender su amor incomparable, llevado hasta los últimos límites. Cuando el Redentor quiso morir por nuestra salvación se puso de manifiesto hasta donde llegaba el amor que un Dios tenía a sus criaturas.

¡Oh Dios enamorado del hombre!, ahora comprendo cómo todas vuestras llagas están pregonando el amor que me tenéis; ¿Quién podrá resistir a tantas pruebas de vuestro amor y negaros el suyo?

(El amor del alma, S. Alfonso Mª de Ligorio)

domingo, 20 de marzo de 2016

La Pasión de Cristo nos obliga a amarle


La sangre de Cristo es fuente de confianza, pero nos obliga también a consagrar todos los afectos del corazón a nuestro amoroso Redentor. ¿Por ventura ignoráis, dice S. Pablo, que ya no sois de vosotros, puesto que fuisteis comprados a gran precio?

¡Oh, Jesús mío!, sin manifiesta injusticia no puedo disponer de mí y de mis cosas, porque habiéndome comprado con vuestra muerte, he venido a ser propiedad vuestra; mi cuerpo, mi alma y mi vida ya no son míos, son vuestros, con absoluto dominio y señorío.


Por tanto, solo en Vos espero, ¡oh Salvador mío!, solo a Vos quiero amar, ¡oh Dios crucificado y muerto por mí! No tengo que ofreceros más que esta alma rescatada con vuestra sangre, y esto es lo que os ofrezco. Ya que solo Vos sois el objeto de todos mis deseos, dadme licencia para amaros, ¡oh Salvador y Dios mío!, mi amor y mi todo.

¡Oh Jesús mío! Dadme confianza en vuestra Pasión y arrancad de mi corazón todos los afectos que a Vos no vayan dirigidos.

(El amor del alma, S. Alfonso Mª de Ligorio)

sábado, 19 de marzo de 2016

Jesucristo ofrece su vida por el esclavo


La historia nos refiere un suceso en el cual se pone de manifiesto tan gran prodigio de amor, que será la admiración de todos los siglos. Un rey, señor de muchos estados, tenía un solo hijo, tan santo, tan amable y agraciado, que formaba las delicias de su padre, el cual le amaba como a sí mismo. El joven príncipe alimentaba en su corazón entrañable cariño a uno de sus esclavos. Mas aconteció que el esclavo cometió un crimen, que debía expiar con la muerte. Al saberlo, el príncipe se ofreció a morir por el culpable, y el rey justiciero y celoso de sus derechos, convino en dar la muerte a su hijo idolatrado para librar al rebelde del merecido castigo. De este modo subió al cadalso el hijo inocente y el esclavo culpable quedó en libertad.


Este suceso, sin segundo en los anales de la humanidad, está consignado en el santo Evangelio; en él leemos que el Hijo de Dios y Señor del Universo, se dignó tomar carne humana y pagar con su muerte la pena eterna, que el hombre merecía por haber sido rebelde a su hacedor. Se ofreció, dice Isaías, porque Él mismo lo quiso. Y el Padre Eterno consistió que su Hijo muriera en cruz para salvarnos a nosotros, desventurados pecadores.

¡Amadísimo Redentor mío!, ¡con que para alcanzarme el perdón de los pecados habéis querido sacrificar vuestra vida en el ara de la cruz! ¿Qué os daré en agradecimiento por tan gran beneficio? Con mil títulos me habéis obligado a amaros, y si no os amase con todo mi corazón sería un monstruo de ingratitud. Vos habéis puesto a mi servicio vuestra vida divina; yo, aunque miserable pecador, os ofrezco también la mía. Sí, Dios mío, a lo menos lo que me resta de vida quiero emplearlo en amaros, obedeceros y complacerlos.

(El amor del alma, S. Alfonso Mª de Ligorio)

viernes, 18 de marzo de 2016

El Crucifijo, Escuela de Santidad


“Si quieres, alma devota, crecer siempre de virtud en virtud y de gracia en gracia, procura meditar todos los días en la Pasión de Jesucristo” Esto es de S. Buenaventura, y añade: “No hay ejercicio más a propósito para santificar tu alma que la meditación de los padecimientos de Jesucristo”.

En efecto, si nuestro amantísimo Salvador padeció tantos trabajos, fue para que de continuo los recordásemos, porque pensando en ellos es de todo punto imposible que no ardamos en las llamas de su santo amor. El amor de Cristo, dice S. Pablo, nos apremia.


Pocos son los que aman a Jesucristo, porque son también pocos los que se detienen a pensar lo mucho que por nosotros padeció; al paso que no puede vivir sin amarle el que con frecuencia medita en su dolorosa Pasión, porque el amor de Cristo nos fuerza a amarle; de tal modo se sentirá apretado por su amor, que no podrá resistir a las caricias de un Dios tan enamorado de los hombres y que tanto ha padecido por ellos.

(El amor del alma, S. Alfonso Mª de Ligorio)



jueves, 17 de marzo de 2016

Los Santos aprendieron en la Pasión de Cristo a padecer y amar de veras


¿De dónde sacaron los Santos valor y entereza para soportar tantos géneros de tormentos, de martirios y de muertes, sino de la Pasión de Jesús Crucificado?

Profetizó Isaías que Jesús guardaba silencio, sin abrir siquiera la boca, como el corderito que está mudo delante del que le esquila. ¿Quién podrá decir que padece sin razón al ver a Jesús despedazado por nuestras maldades? ¿Quién rehusará sujetarse a obediencia, so pretexto de que le mortifica, al recordar que Jesús fue obediente hasta morir? ¿Quién se atreverá a hurtar el cuerpo de la humillación viendo a Jesús tratado como loco, como rey de burlas y como malhechor; al verle abofeteado, escupido y clavado en un patíbulo infame?


Y ¿quién podrá amar a las criaturas y olvidarse del amor de Jesús al verle morir sumergido en el piélago de dolores y desprecios para ganar nuestro amor?

(El amor del alma, S. Alfonso Mª de Ligorio)


miércoles, 16 de marzo de 2016

La Pasión de Cristo nos inflama en su amor (II)


Considerar atentamente a aquel Señor, que sufrió tal contradicción de los pecadores contra su misma persona, a fin de que no desmayéis perdiendo vuestros ánimos- nos dice el Apóstol.

Por esto S. Agustín, contemplando a Jesús crucificado y cubierto de llagas, exclama: “Graba, Señor, tus llagas en mi corazón, para que me sirvan de libro donde pueda leer tu dolor y tu amor; para menospreciar por el tuyo todos los demás amores”. Porque teniendo ante mis ojos el retablo de los muchos trabajos que por mí, Dios santo, has padecido, sufriré con paz y alegría todas las penas que me sobrevengan, y en presencia de las pruebas de infinito amor que en la cruz me diste, ya nada amaré ni podré amar fuera de ti.


 (El amor del alma, S. Alfonso Mª de Ligorio)

 



martes, 15 de marzo de 2016

La Pasión de Cristo nos inflama en su amor


Nuestro Redentor declaró que había bajado del cielo a la tierra para encender en el corazón de los hombres el fuego de su santo amor. Fuego vine a traer a la tierra, ¿y qué he de querer sino que arda? ¡Ah! ¿y qué incendios de caridad no ha levantado en muchas almas, especialmente al patentizar por los dolores de su pasión y muerte el amor inmenso que nos tiene! ¡Cuántos enamorados corazones ha habido que en las llagas de Cristo, como en hogueras de amor, se han inflamado de tal suerte, que para corresponderle con el suyo no titubearon en consagrarle sus bienes, su vida y todas sus cosas, superando con gran entereza de ánimo todas las dificultades que les salían al paso para estorbarles el cumplimiento de la ley divina, guiados por el amor de Jesús, que, no obstante ser Dios, quiso padecer tanto por amor nuestro!


         (El amor del alma, S. Alfonso Mª de Ligorio)

sábado, 4 de abril de 2015

14ª Estación: Jesús es sepultado (Vía Crucis XIV)

        “Y José tomó el cuerpo, lo envolvió en un lienzo limpio y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue. Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro”. (Mt 27, 59-61)

Al contemplar a Jesús puesto en el sepulcro presentamos al Señor a todos los sacerdotes y consagrados que silenciosamente, sin ruido ni artificios, sin propaganda hacen tanto bien a las almas para que el Señor los siga bendiciendo y protegiendo. Presentamos también a todos aquellos que han muerto para que el Señor los juzgue según su infinita misericordia y no se acuerde de los pecados de quienes le sirvieron en esta vida. Pedimos especialmente y que nuestra oración sirva de reparación por aquellos sacerdotes y consagrados que se encuentran en el purgatorio para que por la comunión de los santos puedan gozar pronto de la gloria de los santos.

Reparemos el Corazón de Jesús, llagado por aquellos sacerdotes y consagrados que murieron en pecado sin arrepentimiento ni contrición de sus pecados, y estarán por toda la eternidad alejados del Amor de Dios.   


 (Sacerdotes de la Iglesia del Salvador, Toledo)