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viernes, 26 de junio de 2020

Vrs. envidia


¿Cuándo puede uno superar esta pasión? Cuando su vida rebosa amor de caridad y búsqueda del bien. El amor hace que uno se ponga al servicio, sin esperar nada, que es cuando más recibe… 

Hacer el bien implica ser bueno aun cuando te crucifican.

El amor de caridad se alegra con el bien del otro, y con la alegría del otro. El bien se hace desde la humildad de quien sirve.

Ten paciencia contigo y a la vez delicada exigencia… y amor hacia todos.

viernes, 12 de junio de 2020


"Por favor, nunca, nunca, nunca -incluso cuando parezca que todo es un desastre- 
nunca te desanimes… y en todo fidelidad".

sábado, 28 de noviembre de 2015

Las tentaciones (II)

En la entrada anterior vimos lo que era una tentación y cómo el diablo se las apañaba para tentarnos, presentándonos el mal bajo capa de bien y haciéndonos pensar que la forma de ser felices es haciendo totalmente lo que nos viene en gana.

El diablo no solo ataca a nuestro entendimiento y a nuestra voluntad, sino también a nuestra sensibilidad y a nuestra emotividad. De hecho, hoy en día vivimos en un mundo totalmente emotivo, es bueno lo que produce buenas sensaciones, es bueno, lo que nos hace sentir bien, es bueno lo que no ofende a nadie, es bueno lo que está bien visto, es bueno lo que me pide el cuerpo… es tan grave esta deformación de la verdad que hasta el amor queda corrompido por la emotividad, lo que en un principio era herramienta y ayuda se ha convertido en un cruel tirano. La bondad, por culpa del emotivismo, queda convertida en buenismo, el amor se convierte en puro sentimiento, y la verdad en un ideal imposible de alcanzar. Los pensamientos rectos se convierten en sensaciones, y si algo me hace sentir mal pienso que ya no es bueno para mí, esto nos pasa en la vida diaria, en nuestra decisiones más importantes, en nuestras ideas y en nuestras creencias (¿cómo voy a dejar esta compañía, que por un lado veo que me hace tanto mal, si me voy a sentir fatal cuando lo haga?; ¿cómo voy a perseverar en la vocación con lo que quiero a mi familia?; ¿cómo va a existir el infierno si Dios es bueno y compasivo?).


Por el contrario, las personas que quieren cumplir la voluntad de Dios en su vida no se dejan llevar por los vientos de las emociones, aceptan las mismas y viven con ellas como toda persona humana, pero las usan como ayuda, no como brújula. La recta razón iluminada por la fe es el instrumento para el conocimiento de la verdad y de la voluntad de Dios. El cristiano debe acostumbrarse a no dejarse llevar por lo que le apetece o no le apetece, si no por lo recto, por lo verdadero, lo bueno, lo que Dios quiere, y esto “aunque cueste la vida”. Cuántas veces a unos inicios en la vida de fe, oración y/o vocación llenos de fervor, amor y emoción, seguirán periodos de profundo abatimiento, desánimo, pereza… pero pensemos que esto mismo ocurre en cualquier matrimonio con el paso del tiempo… y será precisamente en esos momentos donde se demostrará el verdadero amor.

Vencer la tentación, será tantas veces idéntico a vencerse a uno mismo, porque verdaderamente uno se sentirá morir por hacer o dejar de hacer ciertas cosas “que le pide el cuerpo”, pero con la gracia de Dios iremos adquiriendo los mismos sentimientos de Cristo de Jesús e iremos poco a poco venciendo esta sensibilidad desbocada a causa del pecado original. En el camino de la santidad habrá un punto en el que incluso los sentimientos y emociones (si bien no siempre y plenamente) estarán dirigidos a Dios, nos alegraremos con su voluntad, y nos entristeceremos con todo lo que se aparte de ella. A cambio del combate obtendremos la paz que nos otorga el cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas, esa paz que no es ausencia de lucha, si no la serena alegría de contentar a Dios, la alegría que surge de vivir intentando que, pase lo que pase, Jesús esté contento.


Hecha esta pequeña introducción con algún pequeño criterio y consejo sobre las tentaciones, nos detendremos en las próximas entradas en tentaciones concretas que surgen en la vida espiritual, en la vida de seguimiento a Cristo, en la vocación a una vida consagrada a su servicio, o en los inicios de la misma.

sábado, 31 de octubre de 2015

Las tentaciones

Una tentación es un pensamiento o idea que el diablo presenta a nuestro entendimiento con la intención de apartarnos del bien y acercarnos al mal. El diablo, que es un ángel caído, es por tanto un ser sumamente inteligente, y usará de mil y una artimañas para alcanzar sus propósitos.

El ejemplo típico de tentación por antonomasia lo encontramos en el libro 3º del génesis, el cual iremos siguiendo (a partir de ahora en cursiva) para ver un poquito cuál es la dinámica y alguna de las tretas de la serpiente.


La serpiente era más astuta que las demás bestias el campo, así que ¡ojo!


1ª técnica de la serpiente: Decir una media verdad. Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín? No es totalmente cierto esto que nos dice, Dios de hecho había dado al hombre todos los árboles del jardín excepto uno, del cual no debía comer. El diablo nos presenta en nuestra vida cotidiana la tentación de que son muchas las cosas que los cristianos no podemos hacer y eso es falso. Los cristianos tenemos una libertad enorme, grandísima, más que cualquiera, porque al apartarnos del pecado que es la destrucción del hombre podemos hacer tantísimas cosas… pero de esto hablaremos en otra entrada.

2ª técnica de la serpiente: presentarle al hombre la idea de que obedecer a Dios es perder la libertad. Es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrían los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal. El diablo que conoce nuestra debilidad y soberbia nos quiere engañar haciéndonos creer que siendo autónomos e independientes de Dios es la manera en la que seremos plenos y libres, ¡bien sabe satanás que es al contrario! La más plena realización del hombre consiste en la donación amorosa de su libertad a Dios. Esto lo iremos viendo poco a poco.

Tenemos por tanto que el diablo tienta “bajo capa de bien”, como es tan inteligente nunca nos presentará el mal como objetivamente malo, si no que en primer lugar llegará a nuestro entendimiento para hacernos ver lo razonablemente bien que vamos a actuar y en segundo lugar a nuestra voluntad para hacernos gustar de los beneficios y bondades que vamos a obtener. Así que, pensamientos tales como “lo hace todo el mundo y no va a pasar nada” tienen una fuerte carga demoniaca: la primera parte intenta justificar (falsamente) racionalmente nuestro obrar: como lo hace todo el mundo es algo racional; la segunda parte afecta a nuestra voluntad, no me voy a sentir mal, no me voy a corromper, no va a haber consecuencias negativas, por lo tanto apetécelo, qué bien lo vas a pasar.


En la vida cristiana deberemos analizar muchas veces nuestro obrar y la justificación del mismo, Dios nos ha dado una cabeza para que, iluminada por la fe, la utilicemos y no obremos tantas veces en la vida “a lo loco”. Esto será necesario solo en algunas ocasiones si hemos recibido una buena formación y  criterios morales. En otras ocasiones será prudente consultar a un sacerdote o persona de confianza, siendo siempre humildes y sabiendo que nunca somos buenos jueces en causa propia, la cual, como enemigo también de nuestra alma trabaja en perfecta cooperación con el diablo. La oración en cualquier caso será nuestro mejor auxilio. Como dice s. Pedro: “Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle, firmes en la fe” (1 Pe 5, 8).