sábado, 7 de mayo de 2016

Humillación. P. Mendizábal (XX)


María y José llegan a Belén en ese caminar pobre. Y “en Belén no hay lugar para ellos”. La preparación del corazón de la Virgen y de San José antes del Nacimiento de Jesús, llega a su momento culminante. Diríamos que, desde una consideración humana, todo les ha salido al revés. Llegan a Belén, llaman a una puerta, no les reciben; llaman a otra, no les reciben. No hay sitio para ellos, se encuentran los dos en la calle, extraños en aquella ciudad, desamparados, sin saber adónde ir. ¡Es lo supremo de la humillación!, es comprender y sentir que nadie se interesa por ellos y que a nadie le importan nada.


¡La humillación nos cuesta tanto a nosotros! Eso que decimos, el ser tratados de manera indigna de hombres. María y José se sienten así, sobre el abandono de la providencia, sobre la renuncia, la humillación, se encuentran sin salida. Ahí están como abandonados de Dios, y sin embargo son los más queridos. 

Esto hay que tenerlo muy presente, hay que comprender las humillaciones, muchas veces imaginarias, pero eso que nos parece de haber quedado a la vergüenza pública, no es señal de que Dios nos ame menos, sino que muchas veces son los caminos que nos traza el Señor en su amor, los caminos inescrutables.

(Con María, P. Mendizábal).

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