martes, 30 de diciembre de 2014

Conferencia de San Juan Bosco a unos novicios (II)

Un joven, cuando se trata de deliberar sobre su vocación, se encuentra frente al mundo, que le presenta mil lisonjas. ¡Oh, cuántas cosas se presentan a la mente del joven en esta edad! Por una parte, se desearía disfrutar de ella; pero por otra está el amor a la gloria, el deseo de hacer carrera, el ansia de ganar dinero y llegar a ser ricos. Es más; el demonio pone en la mente la monotonía de la vida religiosa, los desprecios, las mortificaciones, la continua obediencia.

¿Cómo habérselas con todos estos pensamientos para decidirse en la vocación? Hay que hacer como enseñaba San Ignacio a San Francisco Javier mientras ambos estudiaban en la Universidad de París. Habiéndose conocido y viendo San Ignacio cómo su compañero era muy amante de la vanidad, del honor, de la gloria, le decía:

-¿De qué te sirve todo esto?

-¡Oh!, yo estudiaré, me licenciaré, llegaré a ser profesor y quién sabe si con el tiempo no llegue a ser también profesor de la Sorbona.

-Sí, bien; pero ¿de qué os servirá para la eternidad? Después de la muerte ¿haréis todavía alguna cosa de estas? ¿Qué os quedará? La vida es un soplo, dura poco; la eternidad no acaba nunca. ¿Para qué afanarse tanto por hacer una comedia de pocos días en esta tierra y no pensar en prepararse un buen puesto donde deberemos estar por toda la eternidad?


Un hecho semejante sucedió con San Felipe Neri. Hablando en iguales circunstancias con un joven, Francisco Lassera…, comenzó a preguntarle: “¿Y después?... ¿Y después?”… Este mundo es como una comedia, pasa en un instante.


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