viernes, 13 de marzo de 2015

Toma de hábito. Santa Teresita del Niño Jesús (XVII).

¡Qué hermosa fue la fiesta! No faltó nada, ni siquiera la nieve… Siempre había deseado que en el día de mi toma de hábito la naturaleza estuviese, como yo, ataviada de blanco. La víspera de este hermoso día, miraba yo tristemente el cielo gris, del que de vez en cuando se desprendía una lluvia fina; y la temperatura era tan suave, que ya no esperaba la nieve. A la mañana siguiente el cielo no había cambiado.

Cuando después de la ceremonia volví a entrar en la clausura, mi mirada se poso sobre los copos de nieve….¡El patio estaba de blanco, como yo!

¡Qué delicadeza la de Jesús! Cumpliendo los deseos de su pequeña prometida, le daba nieve… ¿Qué mortal, por poderoso que sea, puede hacer caer nieve del cielo para complacer a su amada?


(Historia de un alma. Relato autobiográfico de Santa Teresita del Niño Jesús).


jueves, 12 de marzo de 2015

Institutos Seculares (IV)

“Os diré con palabras de San Pablo, que a continuamente estoy dando gracias a Dios por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Jesucristo: porque en El habéis sido enriquecidos con toda suerte de bienes . . ., habiéndose verificado así en vosotros el testimonio de Cristo” (1 Cor. 4, 6).  El Papa agradece también la oportunidad de este encuentro que Santa Teresa de Jesús me ha facilitado, porque ella ha sido la ocasión que tanto esperaba para poder hablaros al corazón.

Sois una gran riqueza de espiritualidad y de iniciativas apostólicas en el seno de la Iglesia. De vosotros depende en buena parte la suerte de la Iglesia.

Esto os impone una grave responsabilidad y exige una profunda conciencia de la grandeza de la vocación recibida y de la necesidad de adecuarse cada vez más a ella. Se trata, en efecto, de seguir a Cristo y, respondiendo afirmativamente a la llamada recibida, servir gozosamente a la Iglesia en santidad de vida.

2. Vuestra vocación es iniciativa divina; un don hecho a vosotros y, al mismo tiempo, un regalo para la Iglesia. Confiados en la fidelidad del que os llamó y en la fuerza del Espíritu, os habéis puesto a disposición de Dios con los votos de pobreza, castidad consagrada y obediencia; y esto, no por un tiempo, sino para toda la vida, con un “compromiso irrevocable”. Habéis pronunciado en la fe un sí para todo y para siempre. Así, en una sociedad en la que con frecuencia falta la valentía para aceptar compromisos, y en la que muchos prefieren vanamente una vida sin vínculos, dais el testimonio de vivir con compromisos definitivos, en una decisión por Dios que abarca toda la existencia.

Vosotros sabéis amar. La calidad de una persona se puede medir por la categoría de sus vínculos. Por eso cabe decir gozosamente que vuestra libertad se ha vinculado libremente a Dios con un voluntario servicio, en amorosa servidumbre. Y, al hacerlo, vuestra humanidad ha alcanzado madurez. “Humanidad madura —escribí en la Encíclica “Redemptor Hominis”—, significa pleno uso del don de la libertad, que hemos obtenido del Creador, en el momento en el que El ha llamado a la existencia al hombre hecho a su imagen y semejanza. Este don encuentra su plena realización en la donación sin reservas de toda la persona humana concreta, en espíritu de amor nupcial a Cristo y, a través de Cristo, a todos aquellos a los que El envía, hombres o mujeres, que se han consagrado totalmente a El según los consejos evangélicos. He aquí el ideal de la vida religiosa, aceptado por las órdenes y congregaciones, tanto antiguas como recientes, y por los institutos seculares”


(Encuentro del Papa S Juan Pablo II con los Religiosos y los Miembros de Institutos seculares masculinos, Madrid 2 de noviembre de 1982).

miércoles, 11 de marzo de 2015

Despedida del hogar. Santa Teresita del Niño Jesús (XVI)


La víspera de mi entrada, toda la familia se hallaba reunida en torno a la mesa, a la que yo me sentaba por última vez. ¡Qué desgarradoras son estas reuniones íntimas! Cuando una quisiera pasar inadvertida, es cuando se le prodigan las caricias y las palabras más tiernas, haciendo así más sensible el sacrificio de la separación.

         En la mañana del gran día, después de haber echado una última mirada a los Buissonnets, nido gracioso de mi infancia que nunca más volvería a ver, partí del brazo de mi rey querido para subir a la montaña del Carmelo.

         Yo fui la única que no lloró, pero sentí palpitarme el corazón con tan violencia, que em pareció imposible dar un paso cuando fueron a indicarnos que nos acercáramos a la puerta conventual. Sin embargo, me dirigí hacia ella, preguntándome a mi misma si no iría a morir a causa de los fuertes latidos de mi corazón… ¡Ah, qué momento aquel! Es necesario haberlo vivido para comprenderlo.


(Historia de un alma. Relato autobiográfico de Santa Teresita del Niño Jesús).


martes, 10 de marzo de 2015

Conferencia de San Juan Bosco a unos novicios (XIII).

Nosotros, por lo tanto, debemos padecer, y mucho: aún más, es necesario que estemos crucificados con Jesús. La cruz es su bandera, su estandarte; quien no la quiere seguir no es digno discípulo suyo. Pero dirá alguno: el frío en estos lugares, en esta estación: la comida y aquella bebida, tan escasa y tan poco agradable al gusto; aquel cargo que me han puesto, aquel trabajo diario sin descanso. Hay otros que tienen menos que hacer que yo. Y si sale algún trabajo nuevo, ¡encima me lo cargan a mí!, todo esto acaba por cansar”.

¡Eh!, pobrecillo, te compadezco: ¿pero qué quieres hacer tú en este mundo, si un poco de calor o de frío es bastante para hacerte perder la paz? ¿Cómo serás tú seguidor de Cristo crucificado, si te quejas y acongojas porque la comida no es de tu gusto o si la ocupación que te han dado te parece algo gravosa?

¡Oh!, meditemos frecuentemente en Jesucristo crucificado, reflexionemos cuando nos vengan estos pensamiento en los grandes sufrimientos que padeció Jesucristo por nosotros, y entonces no encontraremos ya gravosa aquella obediencia viendo a Jesús obediente usque ad mortem; no nos desagrada ya la pobreza observando que Jesús por amor de ella murió pobrísimo en la cruz, sin tener siquiera con qué cubrirse.


lunes, 9 de marzo de 2015

El pensar que hemos de morir muy pronto


"El pensar que todo se acaba, es alegría;
el pensar que somos extranjeros en la tierra... es santa alegría;
y el pensar que hemos de morir muy pronto,
 para ver a Dios y a la señora,
es un verdadero alborozo en el corazón de un monje."


(S.Rafael Arnaiz)


domingo, 8 de marzo de 2015

Homilía del Papa Francisco a Obispos, Sacerdotes y Religiosos en Sri Lanka. (V)


Quisiera decir unas palabras especialmente a los jóvenes sacerdotes, religiosos y seminaristas, aquí presentes. Os pido que compartáis la alegría y el entusiasmo de vuestro amor a Cristo y a la Iglesia con todos, y especialmente con los de vuestra edad. Que estéis cerca de los jóvenes, que pueden estar confundidos y desanimados, pero que siguen viendo a la Iglesia como compañera en el camino y fuente de esperanza. Estar cerca de aquellos que, viviendo en medio de una sociedad abrumada por la pobreza y la corrupción, están abatidos, tentados de darse por vencidos, de abandonar los estudios y vivir en la calle. Proclamar la belleza y la verdad del mensaje cristiano a una sociedad que está tentada por una visión confusa de la sexualidad, el matrimonio y la familia. Como sabéis, estas realidades sufren cada vez más el ataque de fuerzas poderosas que amenazan con desfigurar el plan de Dios sobre la creación y traicionan los verdaderos valores que han inspirado y plasmado todo lo mejor de vuestra cultura.

Cristo murió por todos para que, muertos en él, ya no vivamos para nosotros mismos, sino para él (cf. 2 Co 5,15). Queridos hermanos obispos, sacerdotes y religiosos: pido a María, Madre de la Iglesia, que os conceda un celo desbordante que os lleve a gastaros con generosidad en el servicio de nuestros hermanos y hermanas. Que de esta manera, el amor reconciliador de Cristo penetre cada vez más profundamente en el tejido de la sociedad filipina y, a través de vosotros, hasta los confines de la tierra. Amén.

(Papa Francisco en Sri Lanka, Enero 2015)


sábado, 7 de marzo de 2015

P. Mendizábal (II).

Esta preparación del corazón para Él sólo la llevó a cabo en un grado infinito en la Santísima Virgen. Y así Ella se sentía toda atraída a Dios con una atracción sencilla.

Amaba tanto a Dios que ni siquiera reflexionaba en si amaba a Dios, porque la reflexión en el amor quita algo del amor, y Ella no reflexionaba. Una madre nunca reflexiona si ama a su hijo. Le parecía natural ser toda de Dios.

Y así, como un lirio abierto hacia Dios, se ofrece la Santísima Virgen durante toda su vida, con sencillez, sin compararse con los demás

Esa es la virginidad, ése es el estado interior de quien se entrega sólo a Dios. La virginidad no está tanto en la parte física, ni está en el mero pudor infantil con su actitud de reserva. Lo esencial de la virginidad está en el corazón abierto sólo a Dios, y si el corazón está sólo para Dios, lo demás será una consecuencia, lo arrastrará consigo.

(En el Corazón de Cristo, P. Mendizábal).