jueves, 4 de junio de 2015

Pastores dabo vobis (IV)

Con la voz y el corazón de los Padres sinodales hago mías las palabras y los sentimientos del «Mensaje final del Sínodo al Pueblo de Dios»: «Con ánimo agradecido y lleno de admiración nos dirigimos a vosotros, que sois nuestros primeros cooperadores en el servicio apostólico. Vuestra tarea en la Iglesia es verdaderamente necesaria e insustituible. Vosotros lleváis el peso del ministerio sacerdotal y mantenéis el contacto diario con los fieles. Vosotros sois los ministros de la Eucaristía, los dispensadores de la misericordia divina en el Sacramento de la Penitencia, los consoladores de las almas, los guías de todos los fieles en las tempestuosas dificultades de la vida».

«Os saludamos con todo el corazón, os expresamos nuestra gratitud y os exhortamos a perseverar en este camino con ánimo alegre y decidido. No cedáis al desaliento. Nuestra obra no es nuestra, sino de Dios».

«El que nos ha llamado y nos ha enviado sigue junto a nosotros todos los días de nuestra vida, ya que nosotros actuamos por mandato de Cristo»


(Fragmento de la Introducción de la Exhortación Apostólica postsinodal "Pastores dabo vobis").


miércoles, 3 de junio de 2015

Sobre el descanso. S. Ignacio de Loyola (I).

           Además de sus siete horas de oración, se ocupaba en ayudar algunas almas, que le venían a buscar, en cosas espirituales; y todo lo más del día, que le vacaba, daba a pensar en cosas de Dios, de lo que había aquel día meditado o leído. Mas cuando se iba a acostar, muchas veces le venían grandes noticias, grandes consolaciones espirituales, de modo que le hacían perder mucho del tiempo que él tenía destinado para dormir, que no era mucho; y mirando él algunas veces por esto, vino a pensar consigo que tenía tanto tiempo determinado para tratar con Dios, y después todo el resto del día; y por aquí empezó a dudar si venían de buen espíritu aquellas noticias, y vino a concluir consigo que era mejor dejarlas, y dormir el tiempo necesario, y lo hizo así.

         Refería Ignacio el hecho a una monja catalana:

         A muchos acaece, le dice, dados a la oración o contemplación, que antes que hayan de dormir, por ejercitar mucho el entendimiento no puedan después dormir, pensando después en las cosas contempladas y imaginadas, donde el enemigo asaz procura entonces de tener cosas buenas, porque el cuerpo padezca, como el sueño se le quita; lo que totalmente se ha de evitar. Con el cuerpo sano podréis hacer mucho, con el enfermo no sé qué podréis.


         (S. Ignacio de Loyola, P. Casanova).


martes, 2 de junio de 2015

El secreto de la afabilidad en la vida cotidiana: La cortesía.

            El secreto de la afabilidad en la vida cotidiana: La cortesía.

         Vamos a dedicar unos días a hablar de una virtud que es una de las flores más preciosas de la caridad que no es otra que la cortesía y los buenos modales. De esa virtud que nos permite saber hablar y saber escuchar depende en muchas ocasiones nuestra dicha y contribuir a hacer la vida más feliz a las personas con las que convivimos de manera cotidiana.

         Leemos en la Biblia que "El que no peca con la lengua es persona perfecta... Con la lengua bendecimos al Señor, nuestro Padre, y con ella maldecimos a los hombres que ha sidjo hecho a imagen de Dios" (Sant. 3, 2-9) y "La muerte y la vida están en poder de la lengua" (Prov. 18, 21)


         La lengua revela el corazón del hombre, "De la abundancia de corazón habla la boca" (Mt 12, 34). Por esta razón Sócrates le dijo a un joven "habla para que te conozca", porque el habla es el espejo del alma.


lunes, 1 de junio de 2015

A quien por Él se determina a dejarlo todo

“Nunca ha de faltar la gran bondad de Dios
a quien por Él se determina a dejarlo todo”


(Sta. Teresa de Jesús, Camino de Perfección)


domingo, 31 de mayo de 2015

No temas. Yo estoy contigo.

Nosotros nos encontramos con el Señor y escuchamos su invitación:”Sígueme”. Tal vez al inicio lo seguimos con vacilaciones, mirando hacia atrás y preguntándonos si ese era realmente nuestro camino. Y tal vez en algún punto del recorrido vivimos la misma experiencia de Pedro después de la pesca milagrosa, es decir, nos hemos sentido sobrecogidos ante su grandeza, ante la grandeza de la tarea y ante la insuficiencia de nuestra pobre persona, hasta el punto de querer dar marcha atrás:”Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador”. Pero luego él, con gran bondad, nos tomó de la mano, nos atrajo hacia sí y nos dijo:”No temas. Yo estoy contigo. No te abandono. Y tú no me abandones a mí”.

 (Homilía de Su Santidad Benedicto XVI. Basílica de San Pedro, jueves santo 13 de abril de 2006) 

sábado, 30 de mayo de 2015

Para que también seáis vosotras Madres de Cristo. P. Mendizábal (VII)

La Virgen quería que se perpetuase la virginidad en el mundo porque si Jesucristo nació de la Virgen allí en Belén, es ley general que también ahora en su nacimiento en las almas, Jesucristo siga naciendo de vírgenes.

Por eso, la Iglesia tiene tanto aprecio de la virginidad, porque es la que hace Madre de Cristo, hace que Jesucristo sea engendrado en las almas.

Lo decía precisamente S. Gregorio Magno a las jóvenes: “Jóvenes, sed vírgenes para que también seáis vosotras Madres de Cristo”.

Y ¿cómo podemos nosotros engendrar a Cristo en nosotros y en los demás? Por nuestra virginidad, nuestra consagración total a Él.


(En el Corazón de Cristo, P. Mendizábal).


viernes, 29 de mayo de 2015

En el lavadero. Santa Teresita del Niño Jesús (XXXIV).

En otra ocasión, estaba en el lavadero, enfrente de una hermana que me salpicaba de agua sucia la cara cada vez que golpeaba los pañuelos contra su banca.

Mi primer impulso fue echarme para atrás y enjugarme el rostro, a fin de hacer ver a la hermana que me asperjaba que me haría un gran favor obrando con más suavidad. Pero en seguida pensé que era bien tonta al rehusar unos tesoros que tan generosamente se me daban, y me guardé de manifestar mi lucha interior.

Me esforcé por sentir el deseo de recibir en la cara mucha agua sucia, de suerte que acabó por gustarme aquel nuevo género de aspersión, y me prometí a mí misma volver otra vez a aquel sitio afortunado en el que tantos tesoros se recibían.

Ya veis, Madre amantísima, que soy un alma muy pequeña que sólo puede ofrecer a Dios cosas muy pequeñas. Y aún me sucede muchas veces dejar escapar algunos de estos pequeños sacrificios, que tanta paz llevan al alma. Pero no me desanimo por eso; me resigno a tener un poco menos de paz y procuro estar más alerta en otra ocasión.


(Santa Teresita del Niño Jesús. Manuscrito dirigido a la Madre María Gonzaga).