sábado, 29 de octubre de 2016

Desprendimiento. P. Mendizábal (XXII).


María y José tienen que retirarse a una gruta donde se recogen los animales, una gruta desapacible donde el ganado se protege de la lluvia. Y al llegar a ese lugar, la Virgen debió sentir profundamente lo terrible de aquella situación y el plan de Dios. Y al entrar debió pensar y exclamar: “¡Oh, pobreza, pobreza!, ¡ahora lo entiendo todo! Esto es lo que venía buscando mi Hijo con tanto hacerme abandonar, renunciar, humillarme. Me ha quitado todo, me ha dejado solo Jesús”. Para la Virgen es el único tesoro: le ha quitado todo lo demás, le ha dejado solo Jesús. Ésta suele ser la disposición íntima para el éxtasis del Nacimiento: “tener a Jesucristo como único tesoro del corazón”. Parece que me quita todo, y son los caminos de Dios, por donde nos lleva a su encuentro, al éxtasis del Nacimiento, al goce de la adoración y del abrazo de Cristo Encarnado.


(Con María, P. Mendizábal) 

viernes, 28 de octubre de 2016

Los tres clavos del misionero (II). P. Segundo Llorente (XX)


3. La disipación. En las misiones, como en cualquier otro lugar, se impone el alerta. Ni el decir adiós a los padres y hermanos, ni el renunciar voluntariamente a la patria y a los amigos, ni el surcar mares ignotos en busca de almas, son bastante para sostener espiritualmente al misionero, si este descuida los ejercicios espirituales de costumbre. A los dos días que abandone la oración y la presencia de Dios, se encuentra tibio y vacío de pensamientos y motivos espirituales, lo mismo que le acaece al religioso en la comunidad más observante. 

Dios no quiere que el misionero se envanezca creyendo que ha hecho mucho por él yendo a las misiones; al contrario, quiere que se convenza de que la vocación misionera es una gracia especialísima, un como regalo inmerecido, que Dios hace al misionero y por el cual exige pruebas de amor y fidelidad, que tal vez no le hubiera exigido si no le hubiera escogido para misionero.

(P. Segundo Llorente, 40 años en el Círculo Polar)

jueves, 27 de octubre de 2016

Exterminio del hombre viejo


- Lo que el mundo monástico necesita es algo radical, algo drástico, algo que lo sacuda y haga tambalear su complacencia. No vivimos la Regla al pie de la letra.

- Claro que no. La letra de la Regla es mortal.

- Sí, es mortal para el hombre viejo, haragán, rencoroso, falto de generosidad, que vive muy hondo dentro de nuestro ser. Roberto tiene fe en el exterminio de ese hombre. Estoy completamente seguro de que en su propio caso lo ha conseguido totalmente, y pienso que tal vez pueda conseguirlo en otros.


(Tres monjes rebeldes, P. Raymond)

martes, 25 de octubre de 2016

Instinto de conquista. Santo Cura de Ars (XXII)


A la oración juntó el Cura de Ars la penitencia, y fue, sin duda, para practicarla sin testigos, por lo que quiso vivir solo en la casa parroquial durante toda su vida. Si alguien pagaba por ellos, Dios perdonaría más fácilmente a los pobres pecadores: “Era, pues, menester a toda costa salvar las almas”.

Era un místico dotado de la verdadera intuición de las cosas: el espíritu del mal ejerce un poder tiránico sobre las almas impuras; se trataba nada menos que de librarlas de esa tiranía, y el Evangelio dice que “este linaje de demonios no se lanzan sino con el ayuno y la oración”. El Cura de Ars había recogido estas enseñanzas de labios del divino Maestro.


Veinte años después el Cura de Ars confiaría al reverendo Tailhades el secreto de sus primeras conquistas: “Amigo mío, el demonio no hace mucho caso de la disciplina y de otros instrumentos de penitencia. Lo que le pone en bancarrota son las privaciones en el comer, beber y dormir. Nada teme tanto como esto, y por lo mismo, nada es tan agradable a Dios. ¡Oh! ¡Cómo he tenido ocasión de experimentarlo! Cuando estaba solo, y lo estuve por espacio de ocho o nueve años, como podía entregarme sin medida a mis aficiones, llegaba a pasar días enteros sin comer…. Entonces conseguía de Dios cuanto quería para mí y para los otros”. 

(El Santo Cura de Ars, Arcaduz).

Dominando la concupiscencia


"Pero para mayor abundancia diremos otra manera de ejercicio que enseña a mortificar la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida, que son las cosas que dice San Juan que reinan en el mundo, de las cuales proceden todos los demás apetitos. 

Lo primero, procurar obrar en su desprecio y desear que todos los hagan (y esto es contra la concupiscencia de la carne).


Lo segundo, procurar hablar en su desprecio y desear que todos lo hagan (y esto es contra la concupiscencia de los ojos).

Lo tercero, procurar pensar bajamente de sí en su desprecio y desear que todo lo hagan (y esto es contra la soberbia de la vida)."

(San Juan de la Cruz)



lunes, 24 de octubre de 2016


"No es verdadera virtud la que no tiene la contrariedad de una verdadera prueba".


(Santa María Magdalena de Pazzi)

domingo, 23 de octubre de 2016

Papa Francisco en Nueva York (I)


Con el propósito de ayudarles a seguir en el camino de la fidelidad a Jesucristo, me permito hacer dos breves reflexiones.

La primera se refiere al espíritu de gratitud. La alegría de los hombres y mujeres que aman a Dios atrae a otros; los sacerdotes y los consagrados están llamados a descubrir y manifestar un gozo permanente por su vocación. La alegría brota de un corazón agradecido. Verdaderamente, hemos recibido mucho, tantas gracias, tantas bendiciones, y nos alegramos. Nos hará bien volver sobre nuestra vida con la gracia de la memoria. Memoria de aquel primer llamado, memoria del camino recorrido, memoria de tantas gracias recibidas… y sobre todo memoria del encuentro con Jesucristo en tantos momentos a lo largo del camino. Memoria del asombro que produce en nuestro corazón el encuentro con Jesucristo. Hermanas y hermanos, consagrados y sacerdotes, pedir la gracia de la memoria para hacer crecer el espíritu de gratitud. Preguntémonos: ¿Somos capaces de enumerar las bendiciones recibidas, o me las he olvidado?

(Papa Francisco en Nueva York, Vísperas con los religiosos, Septiembre 2015)