jueves, 2 de julio de 2015

El silencio de la Trapa

Mucha gente me pregunta acerca del silencio de la Trapa, y yo no sé qué contestar, pues el silencio de la Trapa no es silencio…. es un concierto sublime que el mundo no comprende…es un silencio que dice…no metas ruido, hermano, que estoy hablando con Dios.

El silencio es necesario para la oración; con el silencio es difícil faltar a la caridad, con él se agradece más que con palabras el amor y el cariño de un hermano…, el silencio es el todo en la vida contemplativa.

Dicen las gentes que el silencio en el Monasterio es triste y difícil de llevar en la Regla…, no hay cosa más equivocada que esa opinión…; el silencio en la Trapa es la más alegre algarabía que los hombres pueden sospechar.


(S. Rafael Arnaiz, Saber Esperar)

martes, 30 de junio de 2015

Cordialidad con una sonrisa

         Hay un proverbio chino que dice “el hombre que no sabe sonreír no debe abrir nunca una tienda”.

         La sonrisa sincera nace de un corazón puro, “ten buena conciencia y siempre tendrás alegría” dice el Kempis. Grande es el valor de una sonrisa, que no cuesta nada pero crea mucho. Enriquecen a quienes la reciben, sin empobrecer a quien la da. Crea felicidad en el hogar, alienta la buena voluntad en los negocios y es contraseña entre los amigos.


         Cuando una vida adolece de sonrisas falta la limpieza de corazón y la buena conciencia.


La obediencia (II). S. Ignacio de Loyola (VII)

Jesucristo es el evangelizador esencial del reino de Dios, es el Salvador del mundo entero; pero no se le ve trabajar en esta obra divina, aun siendo Dios como era, sino bajo la obediencia del Padre celestial. Un apostolado de pura obediencia humana habría andado por otro camino, habría empleado otros medios, habría seguido leyes muy diferentes; pero siendo divina la norma que sigue, le vemos factus obediens usque ad mortem, mortem autem crucis. Ignacio, pues, hará una religión en que la autoridad esté tan penetrada cuanto sea posible de aquella voluntad divina, que dirige el apostolado y la redención de Jesucristo, y esta autoridad la aplicará toda a la santificación de las almas, a mayor gloria de Dios. Así la obediencia será apostolado, y todo el ser de la Compañía, obra esencialmente apostólica.


(S. Ignacio de Loyola, P. Casanova).




lunes, 29 de junio de 2015

Tómalo todo, Señor, nada te pido

“Dejé mi hogar…, 
destrocé pedazo a pedazo mi corazón…, 
vacié mi alma de deseos del mundo…, 
me abracé a tu Cruz… 
                              ¿Qué esperas, Señor?      
                      Si lo que deseas es mi soledad, 
mis sufrimientos y mi desolación…,                   
tómalo todo, Señor, nada te pido.”


(Saber Esperar, S. Rafael Arnaiz.)


domingo, 28 de junio de 2015

Perseverancia y fidelidad

Es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente a la hora de la exaltación, difícil serlo a la hora de la tribulación. Y sólo puede llamarse fidelidad a una coherencia que dure toda la vida.
Su llamada es una declaración de amor. Vuestra respuesta es entrega, amistad, amor manifestado en la donación de la propia vida, como seguimiento definitivo. Ser fieles a Cristo es amarlo con toda el alma y con todo el corazón de forma que ese amor sea la norma y el motor de todas nuestras acciones.
La fidelidad de Cristo alcanza en la Cruz su máxima y culminante expresión. De ahí que sea imprescindible la renuncia y la mortificación. Sin una ascética exigente y sin una disponibilidad para servirle profundamente enraizada en vuestro corazón, sin el hábito del olvido de sí, sería imposible amar de veras y ocuparse solo de los intereses de Cristo.
Permitidme que os abra mi corazón para deciros que la principal preocupación ha de ser la fidelidad, la lealtad a la propia vocación, como discípulo que quiere seguir al Señor con una entrega total y con una disponibilidad apostólica sin condicionamientos ni fronteras. Sólo a la luz de esta entrega se pueden afrontar los demás problemas.

(S. Juan Pablo II) 

sábado, 27 de junio de 2015

P. Mendizábal (IX)

Dice Beda el Venerable que la Virgen fue feliz por haber sido Madre de Cristo engendrándolo físicamente, pero más dichosa todavía porque quedó como custodia perpetua del amor de Cristo.

         Ella es la que tiene el cuidado de que Cristo sea amado en el mundo. Cuidado de la Virgen que debe ser también nuestro cuidado. En docilidad con la Santísima Virgen, tenemos que ser también nosotros custodios del amor de Cristo. Nuestra consagración a Él nos tiene que llevar a esto.

         Ahí tenemos un modo de realizar esta perpetuación de la Virgen, la dulce presencia de María en el mundo.

         María no está entre nosotros como está Jesucristo en la Eucaristía por una presencia real, sino que está entre nosotros con esta otra presencia moral, por la presencia de almas dóciles a su inspiración y que perpetúan este amor a Cristo.
         Y en nuestra vida activa de trato con las almas, procuremos sinceramente que todas las almas confiadas a nosotros aprendan de nosotros a amar a Cristo. Imitar a la Santísima Virgen siendo custodios del amor de Cristo, pero del amor de Cristo perfecto.


         (En el Corazón de Cristo, P. Mendizábal).


viernes, 26 de junio de 2015

La obediencia. S. Ignacio de Loyola (VI)

       Los compañeros de Ignacio nunca habían pensado era constituirse en religión canónica bajo obediencia; pues les parecía que esto podía ser un estorbo para el espíritu apostólico de que todos se sentían compenetrados. Claramente confiesan este punto el P. Laínez y luego el P. Polanco. En esto iba Ignacio mucho más allá que ellos.

         El hombre que sentía más que todos el espíritu apostólico, había de ser el más profundo y convencido doctor de la obediencia, y entendía que, no sólo no se habían de estorbar estas dos cosas en una religión, sino que, al contrario, la obediencia sería la luz y la fuerza de toda empresa apostólica a mayor gloria de Dios.

(S. Ignacio de Loyola, P. Casanova).