martes, 5 de mayo de 2015

Conferencia de San Juan Bosco a unos novicios (XX)

Por caridad, no os hagáis golosos, estad siempre contentos de la preparación de la mesa, no se desee nada más. ¡Oh!, cuando veo que uno, si puede tener un bocado   especial, lo toma, y para encontrarlo buscaría lejos de casa; cuando veo que, si puede tener una botella, se alegra y hace fiesta, yo tiemblo en seguida, pensando en la perseverancia de éste, porque dicen los maestros de ascética que “gula y castidad” y, especialmente, “vino y castidad no pueden estar juntos jamás”.


lunes, 4 de mayo de 2015

Pelo nabos por amor… ¡por amor a Jesucristo! (IV)

Aprovechemos esas cosas pequeñas de la vida diaria, de la vida vulgar; no hace falta para ser grandes santos, grandes cosas, basta el hacer grandes las cosas pequeñas. En el mundo se desaprovecha mucho, pero es que el mundo distrae.

Tanto vale en el mundo amar a Dios en el hablar, como en la Trapa en el silencio; la cuestión es hacer algo por Él… acordarse de Él…., el sitio, el lugar, la ocupación, es indiferente. Dios me puede hacer tan santo patatas como gobernando imperios.

¡Qué pena que el mundo esté tan distraído!... porque he visto que los hombres no son tan malos…., y que todos sufren, pero no saben sufrir…; si por encima de esa capa de falsa alegría con que el mundo oculta sus lágrimas, si por encima de la frivolidad, si por encima de la ignorancia de lo que es Dios, elevaran un poco los ojos a lo alto…., seguramente les ocurriría lo que al fraile de los nabos…., muchas lágrimas se enjugarían, muchas penas se endulzarían, y muchas cruces se amarían para poder ofrecerlas a Cristo.


(S. Rafael Arnaiz, Saber Esperar)


domingo, 3 de mayo de 2015

El proceso de la vocación

Una vocación en la Iglesia, desde el punto de vista humano, comienza con descubrimiento: encontrar la perla de gran valor. Vosotros habéis descubierto a Jesús: su persona, su mensaje, su llamada. Después del inicial descubrimiento, sobreviene un dialogo en la oración, un diálogo entre Jesús y el que ha sido llamado, un diálogo que va mas allá de las palabras y se expresa en el amor.
Ciertas experiencias de entusiasmo religioso que a veces concede el Señor son únicamente gracias iniciales y pasajeras que tienen por objeto empujar hacia una decidida voluntad de conversión caminando con generosidad en fe, esperanza y amor.
La llamada del hombre está primero en Dios: en su mente y en la elección que Dios mismo realiza y que el hombre tiene que leer en su propio corazón. Al percibir con claridad esta vocación que viene de Dios, el hombre experimenta la sensación de su propia insuficiencia. Trata incluso de defenderse ante la responsabilidad de la llamada. Y así, como sin querer, la llamada se convierte en el fruto de un dialogo interior con Dios y es, incluso, hasta a veces como el resultado de una batalla con El.

Ante las reservas y dificultades que con la razón el hombre opone, Dios aporta el poder de su gracia. Y con el poder de esta gracia consigue el hombre la realización de su llamada.
(S. Juan Pablo II)

sábado, 2 de mayo de 2015

¿Quiénes son mi Madre y mis hermanos?

¿Qué oficio realiza María como Madre del Verbo? María acogió en su seno la palabra de Dios, la fomentó y nos la dio. Cuando más adelante, una vez en la vida pública, le digan a Jesucristo: “Mira, que están ahí fuera tu Madre y tus hermanos”, Jesucristo responderá: “Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? El que hace la voluntad de mi Padre, ése es mi madre, y mi hermano y mi hermana”.

Es decir: María es Madre de Cristo en el sentido pleno. ¿Por qué? Porque hizo la voluntad del Padre, es decir, porque recogió en su corazón el Verbo de Dios y lo fomentó en su corazón y nos lo dio encarnado: Suscepit Verbum.

Feliz María porque ha acogido la palabra de Dios. Feliz María porque ha fomentado, ha educado la palabra de Dios hecha carne.


El oficio de María respecto de Jesús es hacer que vaya adquiriendo la plenitud de su ciencia adquirida y aun de sus virtudes adquiridas; lo va educando. La Virgen educadora de Cristo. Y así recogido y formado nos lo da en la vida pública y en la cruz.

(En el Corazón de Cristo, Padre Mendizábal)


viernes, 1 de mayo de 2015

Una hermana con el don de disgustarme en todo (I). Santa Teresita del Niño Jesús (XXVIII).

Hay en la comunidad una hermana que tiene el don de disgustarme en todo. Sus modales, sus palabras, su carácter, todo en ella me desagrada en gran manera. Sin embargo, se trata de una santa religiosa, que debe ser muy agradable a Dios.

Por eso, no queriendo ceder a la antipatía natural que experimentaba, me dije a mí misma que la caridad no debía consistir en los sentimientos, sino en las obras. Entonces, me apliqué a portarme con dicha hermana como lo hubiera hecho con la persona a la que más quiero. Cada vez que me la encontraba, pedía por ella a Dios, ofreciéndole todas sus virtudes y sus méritos.

Me daba perfecta cuenta de que esto agradaba a Jesús, pues no hay artista a quien no le guste recibir alabanzas por sus obras. Y a Jesús, el Artista de las almas, le complace que en lugar de detenernos en lo exterior, penetremos en el santuario íntimo que él se ha escogido por morada, y admiremos su belleza.


(Santa Teresita del Niño Jesús. Manuscrito dirigido a la Madre María Gonzaga).


jueves, 30 de abril de 2015

¡En el propio renunciamiento a sí mismo y en la entrega total a Dios se encuentra lo único que merece la pena vivir!

         ¡Qué ideas tiene la gente sobre lo que es una Trapa!... ¡Cuántos habrá que me compadezcan, e incluso se asusten de mi vida, sin sospechar siquiera que aquí, en el propio renunciamiento a sí mismo y en la entrega total a Dios se encuentra lo único que merece la pena vivir…., que es la paz de Dios!

         Lo que me da más alegría es pensar que esta paz será eterna, pues el día que me muera, lo único que haré será aumentarla en tal alto grado que no lo puedo sospechar.


         (S. Rafael Arnaíz, Saber Esperar)

miércoles, 29 de abril de 2015

El ciento por uno. Santa Teresita del Niño Jesús (XXVII).

Dios no ha querido que tuviese ni un solo deseo sin verlo realizado; no sólo mis deseos de perfección, sino aun los más infantiles…

Sabéis, Madre mía, cuánto que gustan las flores. Al hacerme prisionera a los quince años, renuncié para siempre a la dicha de correr por los campos esmaltados de tesoros primaverales. Pues bien, nunca he tenido más flores que desde que entré en el Carmelo…

Es costumbre que los desposados ofrezcan con frecuencia ramilletes de flores a sus prometidas. Jesús no lo echó en olvido; me envió, a montones, gavillas de ancianos, margaritas gigantes, amapolas, etc., en una palabra: las flores que más me gustan. Hasta había una pequeña flor llamada la negrilla de los trigos, que no había vuelto a encontrar desde que estábamos en Liseux. Deseaba mucho volver a ver esta flor de mi infancia, que yo había cogido en los campos de Alençon. Y fue precisamente en el Carmelo donde la florecilla vino a sonreírme, y a demostrarme que tanto en las cosas pequeñas como en las grandes Dios da el ciento por uno ya en esta vida a las almas que por su amor lo han abandonado todo.


(Historia de un alma. Relato autobiográfico de Santa Teresita del Niño Jesús).