Por caridad, no os hagáis
golosos, estad siempre contentos de la preparación de la mesa, no se desee nada
más. ¡Oh!, cuando veo que uno, si puede tener un bocado especial, lo toma, y para encontrarlo
buscaría lejos de casa; cuando veo que, si puede tener una botella, se alegra y
hace fiesta, yo tiemblo en seguida, pensando en la perseverancia de éste,
porque dicen los maestros de ascética que “gula y castidad” y, especialmente,
“vino y castidad no pueden estar juntos jamás”.
martes, 5 de mayo de 2015
lunes, 4 de mayo de 2015
Pelo nabos por amor… ¡por amor a Jesucristo! (IV)
Aprovechemos
esas cosas pequeñas de la vida diaria, de la vida vulgar; no hace falta para
ser grandes santos, grandes cosas, basta el hacer grandes las cosas pequeñas.
En el mundo se desaprovecha mucho, pero es que el mundo distrae.
Tanto
vale en el mundo amar a Dios en el hablar, como en la Trapa en el silencio; la
cuestión es hacer algo por Él… acordarse de Él…., el sitio, el lugar, la
ocupación, es indiferente. Dios me puede hacer tan santo patatas como
gobernando imperios.
¡Qué pena
que el mundo esté tan distraído!... porque he visto que los hombres no son tan
malos…., y que todos sufren, pero no saben sufrir…; si por encima de esa capa
de falsa alegría con que el mundo oculta sus lágrimas, si por encima de la
frivolidad, si por encima de la ignorancia de lo que es Dios, elevaran un poco
los ojos a lo alto…., seguramente les ocurriría lo que al fraile de los
nabos…., muchas lágrimas se enjugarían, muchas penas se endulzarían, y muchas
cruces se amarían para poder ofrecerlas a Cristo.
(S.
Rafael Arnaiz, Saber Esperar)
domingo, 3 de mayo de 2015
El proceso de la vocación
Una
vocación en la Iglesia, desde el punto de vista humano, comienza con
descubrimiento: encontrar la perla de gran valor. Vosotros habéis descubierto a
Jesús: su persona, su mensaje, su llamada. Después del inicial descubrimiento,
sobreviene un dialogo en la oración, un diálogo entre Jesús y el que ha sido
llamado, un diálogo que va mas allá de las palabras y se expresa en el amor.
Ciertas
experiencias de entusiasmo religioso que a veces concede el Señor son únicamente
gracias iniciales y pasajeras que tienen por objeto empujar hacia una decidida
voluntad de conversión caminando con generosidad en fe, esperanza y amor.
La
llamada del hombre está primero en Dios: en su mente y en la elección
que Dios mismo realiza y que el hombre tiene que leer en su propio corazón. Al
percibir con claridad esta vocación que viene de Dios, el hombre experimenta la
sensación de su propia insuficiencia. Trata incluso de defenderse ante
la responsabilidad de la llamada. Y así, como sin querer, la llamada se
convierte en el fruto de un dialogo interior con Dios y es, incluso, hasta a
veces como el resultado de una batalla con El.
Ante
las reservas y dificultades que con la razón el hombre opone, Dios aporta el poder
de su gracia. Y con el poder de esta gracia consigue el hombre la
realización de su llamada.
(S. Juan Pablo II)
sábado, 2 de mayo de 2015
¿Quiénes son mi Madre y mis hermanos?
¿Qué oficio realiza María como Madre del Verbo? María acogió
en su seno la palabra de Dios, la fomentó y nos la dio. Cuando más adelante,
una vez en la vida pública, le digan a Jesucristo: “Mira, que están ahí fuera
tu Madre y tus hermanos”, Jesucristo responderá: “Quién es mi madre y quiénes
son mis hermanos? El que hace la voluntad de mi Padre, ése es mi madre, y mi
hermano y mi hermana”.
Es decir: María es Madre de Cristo en el sentido pleno. ¿Por
qué? Porque hizo la voluntad del Padre, es decir, porque recogió en su corazón
el Verbo de Dios y lo fomentó en su corazón y nos lo dio encarnado: Suscepit
Verbum.
Feliz María porque ha acogido la palabra de Dios. Feliz María
porque ha fomentado, ha educado la palabra de Dios hecha carne.
El oficio de María respecto de Jesús es hacer que vaya
adquiriendo la plenitud de su ciencia adquirida y aun de sus virtudes
adquiridas; lo va educando. La Virgen educadora de Cristo. Y así recogido y
formado nos lo da en la vida pública y en la cruz.
(En el Corazón de Cristo, Padre Mendizábal)
viernes, 1 de mayo de 2015
Una hermana con el don de disgustarme en todo (I). Santa Teresita del Niño Jesús (XXVIII).
Hay en la comunidad una hermana que tiene el don de
disgustarme en todo. Sus modales, sus palabras, su carácter, todo en ella me
desagrada en gran manera. Sin embargo, se trata de una santa religiosa, que
debe ser muy agradable a Dios.
Por eso, no queriendo ceder a la antipatía natural que
experimentaba, me dije a mí misma que la caridad no debía consistir en los
sentimientos, sino en las obras. Entonces, me apliqué a portarme con dicha
hermana como lo hubiera hecho con la persona a la que más quiero. Cada vez que
me la encontraba, pedía por ella a Dios, ofreciéndole todas sus virtudes y sus
méritos.
Me daba perfecta cuenta de que esto agradaba a Jesús, pues no
hay artista a quien no le guste recibir alabanzas por sus obras. Y a Jesús, el
Artista de las almas, le complace que en lugar de detenernos en lo exterior,
penetremos en el santuario íntimo que él se ha escogido por morada, y admiremos
su belleza.
(Santa Teresita del Niño Jesús. Manuscrito dirigido a la Madre
María Gonzaga).
jueves, 30 de abril de 2015
¡En el propio renunciamiento a sí mismo y en la entrega total a Dios se encuentra lo único que merece la pena vivir!
¡Qué
ideas tiene la gente sobre lo que es una Trapa!... ¡Cuántos habrá que me
compadezcan, e incluso se asusten de mi vida, sin sospechar siquiera que aquí,
en el propio renunciamiento a sí mismo y en la entrega total a Dios se
encuentra lo único que merece la pena vivir…., que es la paz de Dios!
Lo
que me da más alegría es pensar que esta paz será eterna, pues el día que me
muera, lo único que haré será aumentarla en tal alto grado que no lo puedo
sospechar.
(S.
Rafael Arnaíz, Saber Esperar)
miércoles, 29 de abril de 2015
El ciento por uno. Santa Teresita del Niño Jesús (XXVII).
Dios no ha querido que tuviese ni un solo deseo sin verlo
realizado; no sólo mis deseos de perfección, sino aun los más infantiles…
Sabéis, Madre mía, cuánto que gustan las flores. Al hacerme
prisionera a los quince años, renuncié para siempre a la dicha de correr por
los campos esmaltados de tesoros primaverales. Pues bien, nunca he tenido más
flores que desde que entré en el Carmelo…
Es costumbre que los desposados ofrezcan con frecuencia
ramilletes de flores a sus prometidas. Jesús no lo echó en olvido; me envió, a
montones, gavillas de ancianos, margaritas gigantes, amapolas, etc., en una
palabra: las flores que más me gustan. Hasta había una pequeña flor llamada la
negrilla de los trigos, que no había vuelto a encontrar desde que estábamos en
Liseux. Deseaba mucho volver a ver esta flor de mi infancia, que yo había
cogido en los campos de Alençon. Y fue precisamente en el Carmelo donde la florecilla
vino a sonreírme, y a demostrarme que tanto en las cosas pequeñas como en las
grandes Dios da el ciento por uno ya en esta vida a las almas que por su amor
lo han abandonado todo.
(Historia de un alma. Relato autobiográfico de Santa Teresita
del Niño Jesús).
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