martes, 31 de mayo de 2016

Necesidad de cuidar los detalles pequeños


El que menosprecia las cosas poco a poco vendrá a caer en las grandes, nos avisa el libro del Eclesiastés, pero de forma especial ocurre con la virtud de la castidad; porque es virtud delicada y tierna. 


Compara el Santo Fray Gil la virtud de la castidad con un espejo que ante un aliento se empaña y pierde su lustre y resplandor. Es fundamental andar con mucho recato mortificando los sentidos, cortando y atajando los malos pensamientos, así como huyendo de la ocasión. Porque así como la llama deja rastro de sí dondequiera que toca, más, según más se detiene, y si no quemó, a lo menos tiznó, así estas cosas, sino llegan a quemar bastan para tiznar el alma y despertar imaginaciones y pensamientos contrarios a la castidad.

lunes, 30 de mayo de 2016

domingo, 29 de mayo de 2016

Servir al pueblo de Dios. Papa Francisco en África (VI)


Y una última cosa que les quisiera decir, antes de decirles otra. Es que todo el que se dejó elegir por Jesús es para servir, para servir al pueblo de Dios, para servir a los más pobres, a los más descartados, a los más humildes, para servir a los niños y a los ancianos, para servir también a la gente que no es consciente de la soberbia y del pecado que lleva dentro, para servir a Jesús. Dejarse elegir por Jesús es dejarse elegir para servir, no para hacerse servir. Hace un año, más o menos, hubo un encuentro de sacerdotes –las monjas se salvan– y, durante esos ejercicios espirituales, cada día había un turno de sacerdotes que tenían que servir a la mesa, algunos de ellos se quejaron: «No. Nosotros tenemos que ser servidos, nosotros pagamos, podemos pagar para que nos sirvan». Por favor, no diga eso en la Iglesia. Servir, no «servirse de».



(Papa Francisco en Nairobi. 
Viaje apostólico a Kenia, Uganda y República Centroafricana, Noviembre 2015)

jueves, 26 de mayo de 2016

Institutos Seculares (XV)


No perdáis jamás el impulso de caminar por los senderos del mundo, la conciencia de que caminar, ir incluso con paso incierto o renqueando, es siempre mejor que estar parados, cerrados en los propios interrogantes o en las propias seguridades. La pasión misionera, la alegría del encuentro con Cristo que os impulsa a compartir con los demás la belleza de la fe, aleja del riesgo de quedar bloqueados en el individualismo. La idea que propone al hombre como artífice de sí mismo, guiado sólo por las propias decisiones y los propios deseos, a menudo revestidos con el hábito aparentemente bello de la libertad y del respeto, corre el riesgo de minar los fundamentos de la vida consagrada, especialmente de la secular. Es urgente revalorizar el sentido de pertenencia a vuestra comunidad vocacional que, precisamente porque no se funda en una vida común, encuentra sus puntos fuertes en el carisma. Por eso, si cada uno de vosotros es para los demás una posibilidad preciosa de encuentro con Dios, se trata de redescubrir la responsabilidad de ser profecía como comunidad, de buscar juntos, con humildad y con paciencia, una palabra de sentido que puede ser un don para el país y para la Iglesia, y testimoniarla con sencillez. Vosotros sois como antenas dispuestas a acoger los brotes de novedad suscitados por el Espíritu Santo, y podéis ayudar a la comunidad eclesial a asumir esta mirada de bien y encontrar sendas nuevas y valientes para llegar a todos. Pobres entre los pobres, pero con el corazón ardiente. Nunca parados, siempre en camino. Juntos y enviados, incluso cuando estáis solos, porque la consagración hace de vosotros una chispa viva de la Iglesia. Siempre en camino, con esa virtud que es una virtud peregrina: ¡la alegría!


(Audiencia del Santo Padre Francisco a los participantes en un encuentro organizado por la Conferencia Italiana de los II.SS. en mayo de 2014)

miércoles, 25 de mayo de 2016

“No sé bastante latín”. Santo Cura de Ars (IX)


“No sé bastante latín para ser sacerdote”, dijo a su amigo Juan Dumond. Y partió hacia la casa parroquial de Ecully.

El señor Balley, que le recibió en sus brazos y sobre cuyo corazón lloró amargamente, escuchó sus confidencias. Después tomó la palabra y aseguró de nuevo a su protegido que Dios le había elegido para servirle en el altar. Era de todo punto necesario intentar un último esfuerzo.

Maestro y discípulo, después de haber orado juntos, se pusieron manos a la obra. El señor Balley estaba convencido de que el Espíritu de Dios, que habitaba en aquella alma, llenaría las lagunas y supliría las deficiencias… ¿Mas cómo se haría esto? El interesado lo ignoraba y entretanto era motivo de muy vivos sufrimientos.

Felizmente, su piedad le sostenía y el mismo Dios acudía en su ayuda. Al pasar por la casa de la viuda Bibost le fue dicho: “Bah, estate tranquilo. Un día serás sacerdote”.

(El Santo Cura de Ars, Arcaduz)

martes, 24 de mayo de 2016

Medios para guardar la castidad (II): Es menester cuidar las cosas pequeñas


Cuánto esta virtud de la castidad es más cara y preciosa, tanto es menester mayor cuidado y diligencia para conservarla. En todas las cosas importa mucho hacer caso de cosas pequeñas y menudas, porque como dice el Sabio, “el que menosprecia las cosas pequeñas, poco a poco vendrá a caer en las grandes”; pero especialmente en esta virtud es esto más necesario; porque cualquier cosa por pequeña que sea desdora mucho la castidad.

Por lo cual es menester que andemos con mucho recato, mortificando los sentidos y cortando y atajando luego el mal pensamiento, y huyendo la ocasión; porque así como la llama deja rastro de sí, donde quiera que toca, más o menos según se detiene, y si no quemó, a lo menos tiznó; así estas cosas, si no llegan a quemar, bastan para tiznar; porque despiertan en el alma imaginaciones y pensamientos contrarios a la castidad, y en el cuerpo movimientos feos y desordenados.

No se puede decir en materia de castidad “hasta aquí llegaré y no pasaré adelante”, porque cuando menos os recatéis, pasaréis a donde nunca pensasteis. Quien se echa por un resbaladero piensa llegar solamente al puesto; y el peso del cuerpo y ser la piedra tan deleznable, le hace ir adelante, aunque no tuvo tal intención al principio: así es acá, es este gran resbaladero; y el peso e inclinación de nuestra carne a eso muy grande. No permite la delicadeza de esta virtud que nos acerquemos tanto al daño, y nos pongamos en esos peligros. Es este un tesoro preciosísimo, y tenémosle depositado en un vaso terrizo, que a un tris no tenemos nada; y así es menester andar con mucha solicitud y diligencia, atajando por todas vías los pasos a todo movimiento desordenado, por donde esta pasión pueda venir a señorearse de nuestro corazón.

(P. Alonso Rodríguez, Ejercicio de Perfección y virtudes cristianas)

domingo, 22 de mayo de 2016

Nunca se alejen de Jesús. Papa Francisco en África. (V)


Y, ¿qué otra cosa les puedo decir que les pueda dar un mensaje de mi corazón a ustedes? Que nunca se alejen de Jesús. Esto quiere decir que nunca dejen de orar. «Padre, pero a veces es tan aburrido orar, uno se cansa, se duerme». Dormíte delante del Señor. Es una manera de rezar, pero quedáte ahí, delante del Señor, rezá, no dejes la oración. Si un consagrado deja la oración, el alma se seca, como esos higos ya secos, son feos, tienen una apariencia fea. El alma de una religiosa, de un religioso, de un sacerdote que no reza, es un alma fea. Perdón, pero es así. Les dejo esta pregunta: «¿Yo le quito tiempo al sueño, a la radio, a la televisión, a las revistas, para rezar, o prefiero lo otro?». Ponerse delante de Aquel que empezó la obra y que la está terminando en cada uno de ustedes. La oración...

(Papa Francisco en Nairobi. 
Viaje apostólico a Kenia, Uganda y República Centroafricana, Noviembre 2015)