miércoles, 3 de diciembre de 2014

Sueño de los 9 años. San Juan Bosco (I)


         A los nueve años tuvo un sueño que le marcó el resto de su vida. Se vio en medio de un campo, cerca de casa, próximo a un grupo de niños que juegan y se divierten. Pero entre ellos hay algunos que se insultan y pelean. Juan intenta calmarlos a base de gritos y golpes. De repente, aparece un hombre venerable cuyo rostro brillaba como la luz que le dijo: “No con golpes, Juan, sino con amor y paciencia los harás tuyos y serán tus amigos, y podrás enseñarles a huir del pecado y a obrar la virtud”. Lleno de confusión, Juan contesta que un chico ignorante como él es incapaz de educar a aquellos mozalbetes. El hombre le indica la maestra que le enseñará la obediencia y la adquisición de la ciencia verdadera: la señora a quien su madre le había enseñado a saludar tres veces al día: la Virgen María. A su vez, mostrándole al grupo de chicos le dice: “He aquí tu campo de misión. Sé fuerte, humilde y robusto”. Juan, siempre en sueños, rompe a llorar sin entender nada. Entonces María le coloca su mano sobre la cabeza y le dice: “Cuando sea la hora, lo entenderás todo”. Años después, ya adulto, Don Bosco relacionará este sueño con su vocación educativa de la juventud.

(Adaptación de Redención Salesiana).


martes, 2 de diciembre de 2014

“El sacerdocio es el amor del corazón de Cristo” (Sto. Cura de Ars)


El sacerdote es otro Cristo, es dispensador de los misterios divinos, es decir, de la gracia. Pero, ¿sabemos realmente qué significa esto?

Todo comenzó hace mucho, mucho tiempo… La Santísima Trinidad desde toda la eternidad planeó, en su estrecha relación de vida y amor, comunicar a los hombres, hacerles participar de su vida íntima, de su misma vida divina.

Dice San Ireneo que “Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios”, porque la unión que ha destinado Dios para el alma, ya en cierto modo en esta vida, y sobre todo en el cielo, es una unión tan fuerte y estrecha con él, que dice San Juan de la Cruz, que del mismo modo que en la fragua, el hierro adquiere las propiedades del fuego sin dejar de ser fuego, así el alma, en el grado que se deja amar por Dios, en ese grado participa de su misma vida.

La gracia nos hace verdadera y realmente hijos adoptivos de Dios… pero ¡importante!, no entendamos hijo adoptivo al modo humano. Cuando una familia adopta a niño firma unos papeles, y aunque a ese niño le traten como si de verdad lo fuera, nunca jamás llegará a ser verdaderamente hijo de esos padres, no tendrá en su venas la sangre de sus padres. Sin embargo, la adopción filial que hace Dios con nosotros, es una adopción real y verdadera, no por naturaleza (solo Jesús es hijo por naturaleza), si no por la gracia… desde el bautismo nos convertimos en verdaderos ¡hijos de Dios!, es algo tan bello, que hace exclamar al apóstol: “Mirad qué amor más grande nos ha tenido Dios, que nos llama hijos suyos, ¡Y realmente lo somos!”. Desde que somos bautizados la misma sangre divina corre por nuestras venas, hemos sido injertados al árbol de la Trinidad y su savia nutre nuestras ramas… Esa fue la misión del Hijo de Dios, morir en la cruz para hacernos partícipes de su misma vida divina.




lunes, 1 de diciembre de 2014

Elección de los 12


Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: «No vayáis a regiones paganas, ni entréis en ninguna ciudad de los samaritanos. Id, en cambio, a las ovejas descarriadas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, purificad a los leprosos, expulsad a los demonios. Lo que vosotros habéis recibido gratis, dadlo gratis.  No llevéis encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entréis en una ciudad o en un pueblo, buscad a alguna persona respetable y permaneced en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, saludadla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a vosotros. Y si no os reciben ni quieren escuchar sus palabras, al iros de esa casa o de esa ciudad, sacudiros hasta el polvo de sus pies.


(Mt. 10, 1-14)


domingo, 30 de noviembre de 2014

Año de la Vida Consagrada


Queridas consagradas y queridos consagrados:

Os escribo como Sucesor de Pedro, a quien el Señor Jesús confió la tarea de confirmar a sus hermanos en la fe (cf. Lc 22,32), y me dirijo a vosotros como hermano vuestro, consagrado a Dios como vosotros.

Demos gracias juntos al Padre, que nos ha llamado a seguir a Jesús en plena adhesión a su Evangelio y en el servicio de la Iglesia, y que ha derramado en nuestros corazones el Espíritu Santo que nos da alegría y nos hace testimoniar al mundo su amor y su misericordia.

He decidido convocar un Año de la Vida Consagrada haciéndome eco del sentir de muchos y de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica, con motivo del 50 aniversario de la Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, que en el capítulo sexto trata de los religiosos, así como del Decreto Perfectae caritatis sobre la renovación de la vida religiosa. Dicho Año comenzará el próximo 30 de noviembre, primer Domingo de Adviento, y terminará con la fiesta de la Presentación del Señor, el 2 de febrero de 2016.

Después de escuchar a la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica, he indicado como objetivos para este Año los mismos que san Juan Pablo II propuso a la Iglesia a comienzos del tercer milenio, retomando en cierto modo lo que ya había dicho en la Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata: «Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir. Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas» (n. 110).


(Carta Apostólica del Santo Padre Francisco a todos los consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada).


sábado, 29 de noviembre de 2014

Magnificat



                                       «Proclama mi alma la grandeza del Señor,                                                                       se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador,                                                                   porque ha mirado la humillación de su esclava.                                
                               Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,                                              porque el Todopoderoso ha hecho cosas grandes por mí:          
                                                         ¡su Nombre es santo!                                                                            y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.        
                                                  Él hace proezas con su brazo,                                                                                      dispersa a los soberbios de corazón,                                   
                         derriba del trono a los poderosos  y enaltece a los humildes,                                                                  a los hambrientos los colma de bienes                                                                  y a los ricos los despide vacios.                
                                Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia,                                                            como lo había prometido a nuestros padres,                                          en favor de Abraham y de su descendencia por siempre.


(Lc. 1, 46-55)


viernes, 28 de noviembre de 2014

El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo


     "La ciudad celestial la edifica el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo; la ciudad terrena la edifica el amor propio hasta el desprecio de Dios", por eso dice el Señor "el que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo" (Mt. 16, 24).

         Hay dos clases de amor propio: uno es bueno y otro malo. El bueno es aquel que nos lleva a procurar la vida eterna. El malo es el que nos lleva a procurar los bienes de la tierra, con detrimento del alma y con disgusto de Dios.

         Todo trabajo el trabajo del alma espiritual consistirá en frenar la marcha desarreglada del amor propio, lo cual es oficio de la mortificación interior o abnegación de sí mismo, que como nos enseña San Agustín, consiste en "regular los movimientos del corazón".

         ¡Pobre alma cuya dirección se encuentre en manos de sus apetitos! "El enemigo más temible es el doméstico", dice San Bernardo. Enemigos son el demonio, el mundo; pero el peor de todos es nuestro amor propio, porque es "para el alma el gusano que va royendo las raíces de la planta, hasta que le priva no solo de frutos, sino también de la vida". (Sta. Mª Magdalena de Pazzis)


jueves, 27 de noviembre de 2014

Santa Maravillas de Jesús (II)


La gripe de 1918, el famoso “catarro universal” es lo que por fin toca el corazón de la Marquesa viuda de Pidal. Maravillas cae gravemente enferma, y su madre piensa que si se le muere se quedará sin ella, mucho más que sí se fuese al convento. Por fin se decide y habla con su hija:
-      “Oye Maravillas, ¿tú sigues pensando lo mismo?”
Maravillas no cree lo que está oyendo, y duda si hablar.
-      Pues mira, si no me lo dices ahora, no cuentes con que tenga valor para volverte hablar de ello nunca.
Viendo ya en esta respuesta de su madre la voluntad de Dios, Maravillas habla. Para Maravillas había llegado la hora tan deseada, pero no dejaba de ser la hora del sacrificio. La gracia no destruye la naturaleza: “Con toda mi alma hago el sacrificio de la separación de mi madre, pero ¡cuánto cuesta!
Ella está decidida a realizar su vocación cuanto antes. Su corazón sangraba, al pensar que dejaba a su madre sola. La marquesa de Pidal, una vez dado el permiso, no se volverá atrás, y muestra su grandeza de alma al sacrificar su propia satisfacción y el cariño y el cuidado que podía esperar de su hija por entregársela al Señor.

Dios nunca se deja vencer en generosidad. Su hija, desde el convento, le proporcionaría alegrías más profundas de las que en el mundo podría haber esperado.

(Si tu le dejas. Vida de la Madre Maravillas de Jesús).