Mostrando entradas con la etiqueta Y dejando las redes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Y dejando las redes. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de junio de 2020

Correspondencia. S. Maximiliano Kolbe (IX)


Ante el inminente estallido de la 2ª Guerra Mundial: 

“No hay un rincón en el mundo donde no aparezca la cruz… No huyamos de ella, y si es necesario, carguémosla sobre los hombros y llevémosla de buen grado por amor a la Inmaculada. ¡Qué dulce será la muerte de los que le pertenecen!” 


Los temas que Kolbe trata en sus cartas son múltiples, pero sobre “el sonido y la furia” del mundo, ni una palabra. Para Kolbe, la desgracia es la caída. Ante sus ojos tiene la de un compañero que acaba de romper sus votos: “Recemos por su alma. Estas son las auténticas desgracias; a su lado, todos los desastres materiales, la enfermedad y la muerte no son nada…” 

(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

miércoles, 17 de junio de 2020

Distintivos de un superior. S. Maximiliano Kolbe (VIII)


Kolbe vuelve del Japón a Polonia, y allí los monjes del convento que él había fundado le regalan un abrigo de piel que le hiciera más pasajero el frío polaco. Rechazado. Entonces le preparan un hábito acolchado que solo consiente en vestir cuando comprueba que también lo usan los enfermos del convento. Jamás admite un trato distinto al de los demás frailes: un superior solo se distingue por el sobrepeso de las cargas y el excedente de responsabilidades. 


(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

miércoles, 3 de junio de 2020

Solo hasta la muerte. S. Maximiliano Kolbe (VII)


El 12 de Julio de 1935 escribe a un padre de “La Ciudad de la Inmaculada” hablándole indirectamente de sus males, que para él se sitúan en el orden lógico del combate espiritual: 

“No hay nacimiento sin dolor. Además ¿existe algún sacrificio demasiado grande cuando se trata de María? Estamos consagrados a ella no solo en teoría, sino realmente en la práctica. Si no nos cansamos de luchar para conquistarle el mundo, los sufrimientos no cesarán de abatirse sobre nosotros y, cuanto más valerosamente combatamos, más numerosos y pesados serán. Pero solo hasta la muerte. Después llegará la resurrección. Y aun en el caso –un hecho imposible- de que María no nos recompensara nunca, lucharíamos con idéntico fervor, porque la amamos a ella, no a la recompensa”. 


(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

viernes, 29 de mayo de 2020

El Caballero de la Inmaculada. S. Maximiliano Kolbe (VI)


Maximiliano está empeñado en editar “El Caballero de la Inmaculada”, revista mariana para la que no cuenta con ningún medio. Sin embargo, eso no le preocupa, “la Inmaculada, lógicamente, correrá con los gastos de lo que desea”. 

Los jóvenes frailes de Cracovia no se privaban de burlarse de su compañero. Lo consideraban una ingenuidad absurda, sus obras insignificantes y su Caballero demasiado cercano a Don Quijote para ocupar un lugar en los grandes debates del mundo moderno. 


Mientras los jóvenes frailes de Cracovia pensaban en el pensamiento, Kolbe pensaba en las almas que el inmenso reflujo del cristianismo condenaba a la aridez y al abandono. Se lanzaba hacia ellas como el que se tira al agua para salvar a su prójimo sin preocuparse por brillar. 

(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

miércoles, 27 de mayo de 2020

Obediencia. S. Maximiliano Kolbe (V)


En una extensa carta a su hermano hace un cántico a la obediencia basándolo en un tema de extraordinaria sencillez: la gloria de Dios –dice- es la salvación de las almas; nadie desea esa salvación más fervientemente que Él y nadie sabe mejor que Él como asegurarla. Tal es su voluntad, a la que es necesario adherirse por el bien de todos y el nuestro propio. ¿Cómo la conoceremos? A través de sus representantes en la tierra. Ciertamente, “puede ocurrir que se equivoquen, pero nosotros no nos equivocamos jamás obedeciendo”, ya que la sabiduría nos da acceso a una sabiduría superior que no podríamos alcanzar por nuestros propios medios. 


(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

miércoles, 20 de mayo de 2020

Tan raro como el cometa Halley S. Maximiliano Kolbe (IV)


Era dulce y bondadoso: lo ridiculizaron. Era una mente superior: lo ignoraron. Le llaman “hermano Mermelada”. Bromeaban sobre sus ambiciones misioneras, desmesuradas; sobre su piedad hacia la Inmaculada, que les parecía exagerada y carente de base teológica. Un soñador, un quimérico, algo simplón: esta es la idea que se hacían de aquella bomba espiritual cuya mecha comenzaba a arder. 

Y es que la mayoría de los cristianos hace tiempo que han dividido su religión en dos partes: en una están la tierra, sus leyes, sus usos y convencionalismos que, junto a algunos principios de moral cristiana ampliamente edulcorados de indulgencia, forman la base de un concepto razonable de la existencia; en otra parte, el cielo, lo que se llama gustosamente “el más allá” para mejor hacer comprender que no está aquí y que, aunque se crea y se piense en él es objeto de un continuo aplazamiento”. Esta separación de cielo y tierra, que viven cada uno su vida en su propio universo y que no se suelen encontrar más que los días de fiesta, es una antigua catástrofe metafísica completamente inadvertida por los historiadores y que nos ayuda a entender la razón de que la cristiandad no haya conseguido llegar a ser realmente cristiana. 


Kolbe no practicaba este género de dicotomía; sin embargo, la visión unitiva de este hombre, que rezaba al tiempo que exponía sus argumentos, resultaba extravagante para los que no sentían la misma atracción por lo divino. Los “peregrinos de lo absoluto” son tan raros como el cometa Halley; y a los que los observan cuando cruzan por nuestra atmósfera no se les ocurre la idea de seguirlos. 

(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

viernes, 15 de mayo de 2020

Duda vocacional. S. Maximiliano Kolbe (III)


A sus dieciséis años, la carrera militar le parecía más adecuada que el hábito monacal para servir a su país, al que no distinguía de su fe. Estaba tan convencido de que su camino no pasaba por el convento que había conseguido también hacer renunciar a su hermano. Así que cuando los padres franciscanos le propusieron entrar en el noviciado como una preparación al sacerdocio, solicitó una entrevista con el superior para rehusar por él y por su hermano. Aquel día precisamente su madre se presentó en el convento para informar a los muchachos de que ella iba a ingresar en las benedictinas y el padre en los franciscanos. Mucho tiempo después, cuando el hermano mayor había salido ya del convento, Kolbe relataba en una carta a su madre lo sucedido a continuación: 

“Antes de entrar en el noviciado era yo sobre todo quien no quería tomar los hábitos y convencí a mi hermano… Entonces se produjo un hecho inolvidable: mientras esperábamos ser recibidos por el Padre Provincial para comunicarle que ni Francesco ni yo queríamos ingresar en el convento, oí sonar la campana que me llamaba al locutorio. Eras tú, mamá, enviada por la Providencia en aquel momento crítico…. Ya han pasado nueve años y aún pienso en ello con ternura y con agradecimiento hacia la Virgen María, instrumento de la Misericordia Divina. ¿Qué hubiera sido de mí si, en aquel momento, Ella no me hubiera tendido la mano?” 


Se celebró la entrevista. Solo que el Padre Provincial, en lugar de escuchar a los alumnos rechazar el hábito, les oyó solicitarlo. 

(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

miércoles, 13 de mayo de 2020

Las dos coronas. S. Maximiliano Kolbe (II)


Un día, María Kolbe, agotada, había dicho al niño: “Hijo mío, ¿qué va a ser de ti?”. Desde ese momento se dio en él un cambio repentino, irreconocible. 

Su madre asombrada le preguntaba por el motivo de la metamorfosis, y a fuerza de insistir, lo obtuvo: “Temblando de emoción, y con lágrimas en los ojos, me dijo: “El día que exclamaste “Qué va a ser de ti” yo pedí a la Señora que me dijera lo que iba a ser de mí. Continué pidiéndoselo en la iglesia; entonces se me apareció llevando dos coronas, una blanca y una roja. La blanca significaba que yo permanecería puro, la roja que sería mártir. Me preguntó si las quería. Yo respondí: “Sí, las quiero”. Entonces me contempló dulcemente y luego desapareció”.” 


(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

miércoles, 6 de mayo de 2020

La familia Kolbe. S. Maximiliano Kolbe (I)


La familia Kolbe brillaba por una indigencia sufrida sin amargura y hasta con cierta gratitud a causa de las ventajas que supone en la vida espiritual. Ese era el punto de vista de María Kolbe, y por tanto, el de su marido. 

María, la madre de Maximiliano, era una persona extremadamente religiosa. En su infancia soñaba con entrar en un convento. Pero durante la ocupación rusa no había conventos católicos, ni monjas, ni frailes. Solo quedaban maridos y ella eligió a Julio, a quien amó. Los dos aceptaron de buen grado su pobreza, aunque tratando de escapar a la miseria. 


El mayor, Francisco, asistía a la escuela, y Maximiliano comenzó a estudiar en casa. Unos franciscanos que pasaban de puntillas por la zona buscando vocaciones se fijaron en los dos hermanos, a los que les propusieron entrar en su colegio en Lwow. El ofrecimiento fue aceptado con gratitud. José, el hermano pequeño, a los doce años comenzó a mostrar interés por la vida religiosa, y también fue aceptado por los franciscanos. 

Julio y María Kolbe, considerándose liberados del problema de situar a sus hijos, firmaron una especie de acuerdo por el que se concedían mutuamente el permiso para entrar en religión. Tales acuerdos son poco comunes, pero no tan escasos como podríamos pensar en países donde la fe católica gana en intensidad lo que pierde de libertad de expresión. 

(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Imitación del Verbo Humanado. Santa María Magdalena de Pazzi (VI)


Magdalena ya era religiosa de cuerpo entero. 

Amó ardentísimamente a la religión y estima de estimaba este estado más que cualquier otra grandeza del mundo y decía que en esto no envidiaba a los serafines del paraíso, porque por medio de los votos de la religión podía imitar al Verbo Humanado, lo cual a ellos no les era concedido.

(Santa María Magdalena de Pazzi)

viernes, 10 de noviembre de 2017

Nada hay molesto fuera del pecado. Santo Cura de Ars (XLIX)


El Cura de Ars, hasta entonces tan refractario a dejarse cuidar, se mostró dócil como un niño. Recuérdese con qué repugnancia, durante su enfermedad de 1843, aceptó que pusieran un colchón en su cama. Pues bien, en la madrugada del sábado, tendieron uno sobre su duro jergón, y dio las gracias con una sonrisa. Tomó cuantas medicinas le dieron. Solo una vez se quejó, cuando una Hermana de San José se puso a cazar las moscas que se posaban sobre su rostro bañado en sudor. Hizo un además, y algunos creyeron oír estas palabras: “Deje usted a las pobres moscas… Nada hay molesto fuera del pecado…”.


El demonio no tuvo permiso para atormentarle en su hora suprema. Su mayor aprensión había sido siempre la de desesperar en los últimos momentos. Mas el temor de la muerte, del que tan vivas muestras había dado, desapareció por completo.

Después de haber gustado hasta las heces el cáliz de la amargura de esta vida de destierro saboreaba las delicias de la muerte, y realizaba en sí mismo una de sus expresiones: “¡Qué agradable es morir, cuando se ha vivido sobre la cruz!”

(El Santo Cura de Ars, Arcaduz)

miércoles, 8 de noviembre de 2017

No pueden ganar almas para Dios (XLVIII)


- Padre mío, le preguntó un joven misionero, si Dios le diese a escoger entre subir al cielo enseguida o trabajar todavía como lo hace en la conversión de los pecadores, ¿qué haría usted?

- Me quedaría.

- ¡Pero en el cielo los santos son tan dichosos! ¡Allí no hay penas ni tentaciones!

- Sí, replicó; los santos son muy felices, pero no pueden como nosotros ganar almas para Dios con penas y sufrimientos…

- Si Dios le dejase aquí hasta el fin del mundo, tendría usted mucho tiempo: dígame, ¿también se levantaría a media noche?

- Ah, amigo mío, siempre me levantaría a media noche. No es el trabajo lo que me espanta: sería el más feliz de los sacerdotes, si no fuese por el pensamiento de que he de comparecer como párroco ante el tribunal de Dios.

Y dos gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas.

(El Santo Cura de Ars, Arcaduz)

viernes, 3 de noviembre de 2017

Los pecadores acabarán por matar a este pobre pecador. Santo Cura de Ars (XLVII)


Había pasado ya el tiempo en que decía: “Tengo un buen cadáver: cuando he tomado un poco de alimento y he dormido un par de horas, puedo comenzar de nuevo mi trabajo”. Ahora, cuando se sentía agotado, limitábase a decir: “Ya descansaremos en la otra vida”.

“Tenía muchas ganas de dormir –decía en una ocasión- pero no he dudado en levantarme: ¡es tan importante la salvación de las almas!” Y muerto de cansancio, entraba en el confesionario a la hora de costumbre.

Un día se cayó cuatro veces al dirigirse a la iglesia, y las cuatro se levantó con gran trabajo… Al hacerle notar que parecía estar fatigado, contestó sonriendo: “¡Oh! Los pecadores acabarán por matar a este pobre pecador!”

(El Santo Cura de Ars, Arcaduz)

viernes, 27 de octubre de 2017

Votos religiosos (II). Santa María Magdalena de Pazzi (V)


A mi Esposo Jesús, estaba unida por el voto de obediencia. Me parecía ser éste un lazo tan íntimo como jamás se podrá imaginar. Viendo la hermosura, grandeza y utilidad de esta virtud, sentí mucho el poco conocimiento que de ella se tenía, puesto que la obediencia asemeja las almas a Jesús, que fue tan obediente. Si las criaturas llegasen a comprender la gran utilidad que reporta al alma esa virtud, se someterían a cualquier criatura por baja y miserable que fuera. Comprendí que, particularmente, en el Noviciado es donde tienen más necesidad de esta virtud y, sin embargo, se conoce muy poco su valor.


Al Espíritu Santo estaba unida por el voto de pobreza, no porque el alma tenga conformidad con Él siendo el Espíritu divino arca de los tesoros y riquezas celestiales, sino que comprendí que era en aquella forma que dijo Jesús en el Evangelio: Bienaventurados los pobres de espíritu, y bienaventuradas aquellas almas que conocen y saben recibir y conservar en ellas las riquezas y tesoros del mismo espíritu.”

(Santa María Magdalena de Pazzi)

miércoles, 25 de octubre de 2017

Votos religiosos. Santa María Magdalena de Pazzi (IV)


Leída la fórmula de los votos, Magdalena quedó en profundo éxtasis, como muerta. ¿Qué había pasado en aquellas dos horas entre el celestial Esposo y su esposa?

Solo la obediencia podía apoderarse del secreto. Por orden de los superiores Magdalena manifestó:

“Me parecía ver cómo estaba unida la Santísima Trinidad, por medio de tres vínculos o verdaderas ataduras, los cuales eran los tres votos que yo había prometido en la santa profesión.


El primer lazo era el voto de castidad, con el que estaba ligada al Eterno Padre, que es la misma pureza. Y veía que esta pureza es una de las más íntimas uniones que puede realizar el alma con Dios, por la conformidad que el alma tiene con el mismo Dios cuando es pura. Y me parecía estar de tal modo unida al Señor y tan íntimamente ligada a Él, que resultaba imposible la separación a no ser que tuviese la desgracia de caer en pecado contra la castidad. Los demás pecados no logran deshacer esta unión, si bien se mancilla y afloja tanto que casi parece vaya a deshacerse. Era tal la hermosura de este lazo, que no puede expresarse con palabras, ni su grandeza, ni el grado de unión que proporciona".

(Santa María Magdalena de Pazzi)

miércoles, 18 de octubre de 2017

¡Qué afortunadas somos las religiosas! Santa María Magdalena de Pazzi (III)



La divina presencia la acompañaba por doquiera y la hacía indiferente a todo.

Acción y oración tenían a sus ojos el mismo calor, porque en todas las cosas buscaba la voluntad de Dios.

- ¡Qué afortunadas somos las religiosas –solía decir-, pues no apartándonos de la obediencia estamos seguras de cumplir siempre lo que Dios quiere de nosotras!

Tenía tan ardientes ganas de emitir sus votos religiosos y de unirse con ellos a Cristo para siempre, que deseó hacerlo aún antes de que se cumpliera el plazo del año del noviciado. El Señor escuchó sus anhelos.


Cayó gravemente enferma y los Superiores decidieron darle la profesión el 27 de mayo de 1584, fiesta de la Santísima Trinidad.

(Santa María Magdalena de Pazzi)

miércoles, 24 de mayo de 2017

La llamada de Dios. Santa María Magdalena de Pazzi (II)


Tenía 16 años. A los 10 ya se había consagrado al Señor con el voto de virginidad.

Amaba a los suyos con toda el alma, pero había una jerarquía de valores. Su padre se oponía tenazmente a que abrazase la vida religiosa. Los días iban pasando y el llamamiento divino se hacía cada vez más insistente. Un día se presentó ante su padre del todo resuelta, y ocultando el interior combate, le dijo:

- Padre mío, os digo que estoy decidida a dejarme antes cortar la cabeza que renunciar a ser religiosa.

Don Camilo contempló silencioso a su amada hija. ¡Aquella hija tan sumisa y tan pronta a rendirse…! No, no era ella la que en aquel momento hablaba: la impulsaba el Espíritu de Dios. Crudísimo combate se entabló en su corazón mientras la niña esperaba la respuesta. 

Triunfó la gracia y aquel buen cristiano llegó a persuadirse de que cuando Dios llama hay que ceder. Ahora, faltaba convencer a la madre, que también era reacia a dar su consentimiento. Por fin, un día, abrazando cariñosamente a su hija, dijo doña María:

- Pues que así lo quieres, así sea. No quiero oponerme más a tu deseo y a la voluntad de Dios. Haz pues, tu gusto y lo que Dios te inspira.

El permiso para consagrarse al Amor le estaba concedido.


(Santa María Magdalena de Pazzi)

miércoles, 17 de mayo de 2017

Huída del mundo. Santa María Magdalena de Pazzi (I)


Cuando era niña, todo el tiempo que le quedaba libre de las obligaciones que le mandaba su madre, lo empleaba en oración devotísima en casa, en la Iglesia y en todas partes, y deseaba arrastrar a los otros a hacer lo mismo.

Algunas veces, le gustaba ponerse en oración vestida de monja, y le agradaba ponerse así ante el Señor, y deseaba con tanto ardor hacerse monja que le parecía, por así decir, que cada hora eran miles de años… Era su deseo hacerlo en una religión muy observante y en la que se recibiese con frecuencia el Santísimo Sacramento.


Era muy enemiga de las vanidades, tanto de arreglo del cabello, como de los vestidos… y lloraba cuando su madre quería vestirla de seda y que adornara su cabeza. Huía hasta de ver las vanidades y fiestas del mundo y las conversaciones terrenas.

(Santa María Magdalena de Pazzi)

miércoles, 10 de mayo de 2017

De carne y hueso como usted


A un joven que temblaba ante la perspectiva de tamaño sacrificio, le hizo esta pregunta:

“Los demás que están ya en el monasterio, ¿no son de carne y hueso como usted?”

Y dejaba que el penitente sacase la consecuencia.


(El Santo Cura de Ars, Arcaduz)

miércoles, 26 de abril de 2017

Si ya tuviese un pie en el cielo. Santo Cura de Ars (XLV)


“Si ya tuviese un pie en el Cielo y me dijesen que volviese a la tierra para trabajar en la conversión de un pecador, con gusto volvería. Y si para esto fuere menester estar aquí hasta el fin del mundo, levantarme a media noche y sufrir lo que ahora sufro, aceptaría de todo corazón”.

(El Santo Cura de Ars, Arcaduz)