lunes, 1 de junio de 2020


“Más vale estar cargado junto al fuerte que aliviado junto al flaco: 
cuando estás cargado, estás junto a Dios, que es tu fortaleza, el cual está con los atribulados; 
cuando estás aliviado, estás junto a ti, que eres tu misma flaqueza; 
porque la virtud y fuerza del alma en los trabajos de paciencia crece y se confirma”. 


(S. Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor)

domingo, 31 de mayo de 2020

¡Ánimo!


Cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba caminando sobre las aguas, pensaron que se trataba de un fantasma y tuvieron miedo. Pero enseguida Jesús los tranquilizó con una palabra que siempre debe acompañar nuestra vida y nuestro camino vocacional: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (v. 27). Esta es precisamente la segunda palabra que deseo daros: ánimo.


Lo que a menudo nos impide caminar, crecer, escoger el camino que el Señor nos señala son los fantasmas que se agitan en nuestro corazón. Cuando estamos llamados a dejar nuestra orilla segura y abrazar un estado de vida —como el matrimonio, el orden sacerdotal, la vida consagrada—, la primera reacción la representa frecuentemente el “fantasma de la incredulidad”: No es posible que esta vocación sea para mí; ¿será realmente el camino acertado? ¿El Señor me pide esto justo a mí?

Y, poco a poco, crecen en nosotros todos esos argumentos, justificaciones y cálculos que nos hacen perder el impulso, que nos confunden y nos dejan paralizados en el punto de partida: creemos que nos equivocamos, que no estamos a la altura, que simplemente vimos un fantasma que tenemos que ahuyentar.

(Papa Francisco. 
Mensaje para la 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, 8 marzo 2020) 

sábado, 30 de mayo de 2020

La modestia, incomprensible para el mundo


La modestia es una virtud, y por tanto, una exigencia de vida. No estamos hablando de ningún “extra”, un capricho a elegir por el que se puede optar o del que se puede prescindir: NO. La modestia es un componente esencial –ESENCIAL- de la pureza, y debemos esforzarnos por cuidarla, trabajarla, vivirla, porque sin pureza no hay auténtico amor. 

No esperemos que el mundo la entienda, porque no lo hará. Comprender la moral cristiana sin aceptar a Dios, es imposible. Los cristianos, en la sociedad secularizada en la que vivimos, estamos en otra onda, como expresa el jesuita Ciszek en su libro “Caminando por valles oscuros”, cuando iba en el tren sufriendo su deportación a Siberia, en relación a los que le acompañaban: 

"Me escandalizaba su lenguaje, en el que las blasfemias eran habituales, pero aquello no era nada comparado con el abismo que separaba mi visión de la vida en general de la suya, no teníamos prácticamente nada en común, excepto tal vez el instinto humano de supervivencia. Un instinto que en ese momento provocaba en mí un leve temblor. Por lo demás, despreciaban todo lo que yo valoraba; lo que yo consideraba virtudes, para ellos no eran más que señales de debilidad; según su código moral, todo lo que para mí era pecado, ellos lo tenían por virtud. Eran ateos, materialistas, oportunistas y absolutamente faltos de escrúpulos." 


El mundo aborreció a Cristo cuando vino a la tierra, y sigue haciéndolo ahora. Como seguidores suyos, no esperemos que a nosotros nos entiendan, porque “si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero no sois del mundo. Sabed que a Mí me aborreció antes que a vosotros”.

viernes, 29 de mayo de 2020

El Caballero de la Inmaculada. S. Maximiliano Kolbe (VI)


Maximiliano está empeñado en editar “El Caballero de la Inmaculada”, revista mariana para la que no cuenta con ningún medio. Sin embargo, eso no le preocupa, “la Inmaculada, lógicamente, correrá con los gastos de lo que desea”. 

Los jóvenes frailes de Cracovia no se privaban de burlarse de su compañero. Lo consideraban una ingenuidad absurda, sus obras insignificantes y su Caballero demasiado cercano a Don Quijote para ocupar un lugar en los grandes debates del mundo moderno. 


Mientras los jóvenes frailes de Cracovia pensaban en el pensamiento, Kolbe pensaba en las almas que el inmenso reflujo del cristianismo condenaba a la aridez y al abandono. Se lanzaba hacia ellas como el que se tira al agua para salvar a su prójimo sin preocuparse por brillar. 

(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

jueves, 28 de mayo de 2020

"De la abundancia del corazón..."


Para que la predicación sea viva y fecunda, preciso es que el predicador hable de la abundancia del corazón. Santo Tomás dice más: que la predicación debe “derivar de la plenitud de la contemplación”, de una fe viva, penetrante y sabrosa del misterio de Jesucristo, del valor infinito de la Misa, y del precio de la gracia santificante y de la vida eterna. El sacerdote debe predicar como un salvador de almas que es, y ha de preocuparse incesantemente por la salvación, no de algunas, sino de muchas almas. Es imprescindible que no haya recibido el sacerdocio en vano. 


(Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior)

miércoles, 27 de mayo de 2020

Obediencia. S. Maximiliano Kolbe (V)


En una extensa carta a su hermano hace un cántico a la obediencia basándolo en un tema de extraordinaria sencillez: la gloria de Dios –dice- es la salvación de las almas; nadie desea esa salvación más fervientemente que Él y nadie sabe mejor que Él como asegurarla. Tal es su voluntad, a la que es necesario adherirse por el bien de todos y el nuestro propio. ¿Cómo la conoceremos? A través de sus representantes en la tierra. Ciertamente, “puede ocurrir que se equivoquen, pero nosotros no nos equivocamos jamás obedeciendo”, ya que la sabiduría nos da acceso a una sabiduría superior que no podríamos alcanzar por nuestros propios medios. 


(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

martes, 26 de mayo de 2020

Cuando Dios elige un alma, la hace feliz


No niego que la vocación sea un gran sacrificio, pero es un gran don. Antes de subrayar el sacrificio tan grande que hace el alma hay que subrayar que también Dios le da un don muy grande. Nosotros decimos: “qué renuncia tan grande”. 

Cuando Dios elige un alma, la hace feliz. Antes de subrayar el sacrificio, hay que también subrayar el don, Dios nos elige y nos hace felices a cada uno de una manera. Tenemos que creer que es Dios quien da las vocaciones. En esta vida nosotros somos descubridores del lugar en el que Dios nos quiere ver insertados, yo no me invento mi vocación, yo la descubro. La iniciativa es de Dios. Nos admiramos de cómo Dios se puede servir de nosotros para llevar adelante su tarea de salvación.

(Mons. Jose Ignacio Munilla)