lunes, 16 de enero de 2017

domingo, 15 de enero de 2017

Empujados por el Espíritu para la Misión (I) Papa Francisco


Con ocasión de la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera centrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado, y no está llamado a anunciarse a sí mismo, ni a velar los intereses de un negocio; simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para sí: «La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera» (Exht. Ap. Evangelium gaudium, 21).

Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor.

(Mensaje del Santo Padre Francisco para la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, Diciembre 2016)

sábado, 14 de enero de 2017

Colaboradores de la Redención de Cristo. P. Mendizábal (XXIV)


María aparece siempre como “portadora de Cristo” y “conductora a Cristo”. Aparece así en las Bodas de Caná, en las que envía a los servidores a Jesús, preparándoles para su encuentro; aparece así en la cruz, donde recibe de Cristo esa misión y lleva hacia Cristo; y aparece así también en sus manifestaciones de Lourdes o Fátima, donde Ella aparece “orante”. No es ella la Mediadora, ella orante, conduce a Cristo: pide que se haga un templo, que el Hijo sea venerado. Lleva a las almas a la Eucaristía, a la comunión, a Cristo. Cristo es el Redentor, María es redimida por Él y constituida colaboradora de la Redención de Cristo.


Lo que le sucede a María, para nosotros es ejemplar, porque tiene que darse en su grado: nosotros, redimidos por Cristo, somos constituidos colaboradores de la Redención de Cristo y tenemos que cuidar esa colaboración.

(Con María, P. Mendizábal)

viernes, 13 de enero de 2017

El banquete de Navidad. P. Segundo Llorente


A las siete de la noche, solo ya en mi cocina, me puse a pasear pensativo para planear el banquete de Navidad. Poco a poco me empezó a invadir un como tedio de la vida que me es muy familiar. No tenía malditas las ganas de guisar nada. ¡Si hubiera una taberna a mano!... Porque de restaurantes ni hablar.

En un cajón me quedaban dos zanahorias viejas y arrugadas que habían venido por barco durante el verano. Las lavé y las corté en rajas que hoy no me hicieron gracia alguna. Abría una lata que decía: sopa consomé.

Corté un pedazo de pan y puse sobre la mesa el turrón que me mandó de México la señora Berta Téllez, viuda de Berruecos.

Al ver juntos el turrón y las zanahorias me reí sin ganas, pero me reí, porque el contraste me trajo a la memoria el dicho gracioso de un profesor mío de filosofía muy viejo que, cuando echábamos una elegancia latina y luego se nos escapaba un disparate de sintaxis, decía: “Eso es como uno que llevase una corbata de seda y los calzones rotos”.


Al sentarme solo a la mesa me invadió una tristeza que llevaba camino de aplastarme. Como no era cosa de terminar de mala manera un día tan solemne, y como había que evitar que el egoísmo saliese con la suya, me planté, le agarré por el cuello y lo estrangulé sin compasión y con la ayuda de un pensamiento sencillísimo:

-¿No celebramos hoy tres misas y recibimos tres veces al mismo Jesucristo? ¿Y puede haber alimento terreno que se compare a mil leguas con Jesucristo? Pues entonces ¿a qué vienen esas quejas? ¿Qué alimento puede tener sabor después de haber gustado a Jesucristo? ¿A estas alturas salimos con esas?

Vergüenza primero y gozo interno después me dejaron como nuevo y pude terminar el día como Dios manda. Todos los problemas se resuelven como por encanto con solo sacar a plaza a Jesucristo.

(P. Segundo Llorente, 40 años en el Círculo Polar)

                                                                               

jueves, 12 de enero de 2017

Pelear el abandono del Sagrario


"Un sacerdote no es ni más ni menos que un hombre elegido y consagrado por Dios 
para pelear contra el abandono del Sagrario".


(S. Manuel González)

miércoles, 11 de enero de 2017

Guerra a la blasfemia. Santo Cura de Ars (XXX)


Con la blasfemia, siempre mala y culpable, era necesario ser implacable. Para un alma respetuosa con el santo nombre de Dios, era una cosa de todo punto insoportable. En aquella reducía aldea “tenía la pena de oír las blasfemias de labios de muchos niños que ni sabían rezar el Padrenuestro”. Jamás pudo tratar de asunto tan doloroso sin derramar lágrimas y volvía siempre a lo mismo en sermones y en el catecismo. Amenazaba a los blasfemos con todos los males posibles en este mundo y en el otro:

“¿No es un milagro extraordinario, que en una casa donde se halla un blasfemo no sea destruida por un rayo o colmada de toda suerte de desgracias? ¡Tened cuidado! Si la blasfemia reina en vuestra casa, todo irá pereciendo”.


De esta manera reprimía la blasfemia con unas enérgica severidad y procuraba por todos los medios hacerla objeto de horror para los niños y jóvenes.

(El Santo Cura de Ars, Arcaduz)

lunes, 9 de enero de 2017

No echar en olvido el adelantamiento espiritual


"La salvación de un religioso va estrechamente unida a su perfección; 
de modo que si echa en olvido el cuidado de su adelantamiento espiritual, 
va poco a poco acercándose a su ruina y perdición".


(P. Lallemant)