miércoles, 17 de junio de 2020

Distintivos de un superior. S. Maximiliano Kolbe (VIII)


Kolbe vuelve del Japón a Polonia, y allí los monjes del convento que él había fundado le regalan un abrigo de piel que le hiciera más pasajero el frío polaco. Rechazado. Entonces le preparan un hábito acolchado que solo consiente en vestir cuando comprueba que también lo usan los enfermos del convento. Jamás admite un trato distinto al de los demás frailes: un superior solo se distingue por el sobrepeso de las cargas y el excedente de responsabilidades. 


(No olvidéis el amor. La pasión de S. Maximiliano Kolbe, Arcaduz)

martes, 16 de junio de 2020


"Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. 
Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, 
con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta sencillo".

(Aristóteles, Ética a Nicómaco)

lunes, 15 de junio de 2020


“Mas quiere Dios en ti el menor grado de pureza de conciencia que cuantas obras puedes hacer”. 
(S. Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor)

domingo, 14 de junio de 2020

El Señor nos llama porque quiere que seamos capaces de “caminar sobre las aguas”


El Señor sabe que una opción fundamental de vida —como la de casarse o consagrarse de manera especial a su servicio— requiere valentía. Él conoce las preguntas, las dudas y las dificultades que agitan la barca de nuestro corazón, y por eso nos asegura: “No tengas miedo, ¡yo estoy contigo!”. La fe en su presencia, que nos viene al encuentro y nos acompaña, aun cuando el mar está agitado, nos libera de esa acedia que ya tuve la oportunidad de definir como «tristeza dulzona» (Carta a los sacerdotes, 4 agosto 2019), es decir, ese desaliento interior que nos bloquea y no nos deja gustar la belleza de la vocación. 

En la Carta a los sacerdotes hablé también del dolor, pero aquí quisiera traducir de otro modo esta palabra y referirme a la fatiga. Toda vocación implica un compromiso. El Señor nos llama porque quiere que seamos como Pedro, capaces de “caminar sobre las aguas”, es decir, que tomemos las riendas de nuestra vida para ponerla al servicio del Evangelio, en los modos concretos y cotidianos que Él nos muestra, y especialmente en las distintas formas de vocación laical, presbiteral y de vida consagrada. Pero nosotros somos como el Apóstol: tenemos deseo y empuje, aunque, al mismo tiempo, estamos marcados por debilidades y temores. 


Si dejamos que nos abrume la idea de la responsabilidad que nos espera —en la vida matrimonial o en el ministerio sacerdotal— o las adversidades que se presentarán, entonces apartaremos la mirada de Jesús rápidamente y, como Pedro, correremos el riesgo de hundirnos. Al contrario, a pesar de nuestras fragilidades y carencias, la fe nos permite caminar al encuentro del Señor resucitado y también vencer las tempestades. En efecto, Él nos tiende la mano cuando el cansancio o el miedo amenazan con hundirnos, y nos da el impulso necesario para vivir nuestra vocación con alegría y entusiasmo.

(Papa Francisco. 
Mensaje para la 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, 8 marzo 2020)

sábado, 13 de junio de 2020

La modestia, virtud admirable


    
La modestia, quizá por ser tan inusual, cuando es auténtica admira al mundo entero... El joven pudoroso tiene: 

a) Una mirada limpia, con una claridad angelical. 

b) El semblante siempre con un rostro de una serena alegría. 

c) El porte con una modestia que es un ejercicio de excelencia. 

d) Al corazón lo dota de una delicada sensibilidad. 

e) A la voluntad de una firmeza y determinación enérgica. 

“Soy fuerte porque soy puro” repetía Ricardo corazón de León. Uno es puro si es pudoroso...


viernes, 12 de junio de 2020

Deseos que no se realizan. P. Segundo Llorente (XXXVI)


Puede ocurrir y ocurre que Dios ponga en el alma deseos santísimos de algo concreto (como el venir a misiones) sin que quiera que esos deseos se realicen; y lo hace o lo puede hacer por dos razones. 

Sucede que Dios llama a misiones a cierto número de almas escogidas; pero ellas se hacen sordas y no quieren oír. Esa sordera artificial causa heridas profundas en su divino corazón. 

Como las heridas duelen, hay que curarlas. Dios las cura con el bálsamo de los deseos de otras almas que quisieran venir y se lamentan de no poder venir. Una inyección en el brazo deja al cuerpo libre de difteria. 


(P. Segundo Llorente, 40 años en el Círculo Polar)

"Por favor, nunca, nunca, nunca -incluso cuando parezca que todo es un desastre- 
nunca te desanimes… y en todo fidelidad".