jueves, 2 de marzo de 2017

Actualidad de la vocación de los II.SS.


Os encontráis hoy aquí para seguir trazando el recorrido iniciado hace sesenta años, en el que sois portadores cada vez más apasionados del sentido del mundo y de la historia en Cristo Jesús. Vuestro celo nace de haber descubierto la belleza de Cristo, de su modo único de amar, encontrar, sanar la vida, alegrarla, confortarla. Y esta belleza es la que vuestra vida quiere cantar, para que vuestro estar en el mundo sea signo de vuestro estar en Cristo.

En efecto, lo que hace que vuestra inserción en las vicisitudes humanas constituya un lugar teológico es el misterio de la Encarnación: «Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único» (Jn 3, 16). La obra de la salvación no se llevó a cabo en contraposición con la historia de los hombres, sino dentro y a través de ella. Al respecto dice la carta a los Hebreos: «Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo» (Hb 1, 1-2). El mismo acto redentor se realizó en el contexto del tiempo y de la historia, y se caracterizó como obediencia al plan de Dios inscrito en la obra salida de sus manos. 

(Discurso en el 60º aniversiario de la Provida Mater Ecclesia el 7 de febrero de 2007, 
S.S. Benedicto XVI)

miércoles, 1 de marzo de 2017

Vida interior parroquial. Santo Cura de Ars (XXXVIII)


¡Ah! En 1818, apenas si se rezaba en la parroquia. Hay que oír acerca del particular las lamentaciones del joven sacerdote. En las casas se había dejado la hermosa costumbre de la oración en familia, y el señor Vianney trabajó con todas sus fuerzas para restablecer la antigua tradición. Más tarde, como por evolución natural, procurará transformar esta oración privada en ejercicio público. Habrá llegado la hora en la que, a la caída de la tarde, el campanario de Ars, todos los días del año, lanzará su postrer llamamiento y entonces veremos a la gran familia parroquial acudir de todos lados a la iglesia para rezar el rosario y la oración. 

Todavía se atreverá a más. Procurará inspirar a aquellos humildes trabajadores algunas prácticas de devoción menos comunes, pero que hacen más perfecta la piedad. De esta manera les aconsejará el examen de conciencia diario y “una breve lectura edificante antes de acostarse, al menos durante el invierno, para grabar más profundamente las verdades de la salvación en sus corazones”.


El Cura de Ars nunca pensó que las personas dedicadas a los trabajos agrícolas fuesen incapaces de vida interior. A los sencillos campesinos, siempre en presencia de la naturaleza, este libro de Dios les enseña el secreto de meditar y de hacer oración:

“Hermanos míos, no son las largas ni las bellas oraciones las que Dios escucha, sino las que salen del fondo del corazón… Nada más fácil que rogar al buen Dios ni nada que consuele tanto”.

(El Santo Cura de Ars, Arcaduz)

lunes, 27 de febrero de 2017


"La profesión religiosa es la donación sin reservas y de todo el ser humano y de toda la vida al servicio de Dios."

(Santa Teresa Benedicta de la Cruz)

domingo, 26 de febrero de 2017

Jesús hace germinar la semilla. Empujados por el Espíritu para la misión (V). Papa Francisco


Jesús hace germinar la semilla. Por último, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, también con la mejor intención, se acabe cediendo a un cierto afán de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo, el Evangelio nos invita a rechazar la idolatría del éxito y del poder, la preocupación excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde más a un espíritu de conquista que de servicio. La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo» (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.


Con esta confianza evangélica, nos abrimos a la acción silenciosa del Espíritu, que es el fundamento de la misión. Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, «lugar» privilegiado del encuentro con Dios.

Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.

(Mensaje del Santo Padre Francisco para la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, Diciembre 2016)

sábado, 25 de febrero de 2017

La negligencia en las cosas pequeñas (I)


Tal negligencia parece cosa baladí en sí misma, mas puede ser grave por sus consecuencias. Ordinariamente los pequeños actos de virtud que realizamos desde la mañana hasta la noche son los que hacen nuestros méritos de cada día. Como una gota de agua ablanda, poco a poco, la piedra y la agujerea; como las gotas de agua, multiplicadas, fecundan la tierra sedienta, así nuestras buenas obras, repetidas, crean el buen hábito, la virtud adquirida, y la conservan y aumentan, y si proceden de una virtud infusa o sobrenatural, consiguen que esta virtud vaya en aumento.


En lo que al servicio de Dios atañe, las cosas que en sí parecen pequeñas son grandes por su relación con el fin último, Dios, a quien se debe amar sobre todas las cosas; también son grandes por el espíritu de fe, confianza y amor con que deberíamos realizadas. Así guardaríamos desde la mañana hasta la noche la presencia de Dios, cosa infinitamente preciosa, y viviríamos de él, de su espíritu, en lugar de vivir del espíritu natural y el egoísmo. Poco a poco se acrecentaría en nosotros el celo de la gloria de Dios y de la salud de las almas; mientras que si descuidáramos aquellas cosas menudas, comenzaríamos a descender por la pendiente del naturalismo práctico, y a dejarnos dominar por el absurdo egoísmo que inspira muchos de nuestros actos. 

La negligencia en las cosas pequeñas, cuando se trata de servir a Dios, conduce rápidamente a la negligencia en las grandes; por ejemplo, a un alma sacerdotal o religiosa la lleva a rezar el Oficio sin piedad, a no prepararse apenas a la Santa Misa, a decirla precipitadamente y a asistir a ella sin la atención que fuera de desear; a reemplazar la acción de gracias por el rezo obligatorio de una parte del Oficio, de suerte que poco a poco desaparece la devoción personal, quedando solo esa otra en cierto modo oficial y exterior. Puedo uno llegar a hacer todo estéril, por la negligencia en las cosas menudas en aquello que atañe al servicio de Dios.

(Las tres edades de la vida interior, Garrigou-Lagrange)

viernes, 24 de febrero de 2017

No esperar de los hombres recompensa alguna


Un día, cuenta el Rdo. Alfredo Monnin, le pregunté si sus penas le habían hecho perder alguna vez la paz: “¡La cruz –dijo con celestial expresión- la cruz ha de hacernos perder la paz!... Si precisamente es ella la que ha de infundirla en nuestros corazones. Todos nuestros males provienen de que no la amamos”.


A esta fe inquebrantable debió el Cura de Ars no solo el no haber sucumbido ni el haberse desalentado, sino también el haber realizado obras que otros sacerdotes humanamente mejor dotados que él, pero menos sobrenaturales, no se hubieran atrevido a emprender. Demostrando con los hechos qué grandeza moral –y qué méritos- pueden derivarse de las humillaciones terrenas, continuó trabajando únicamente por Dios, sin esperar de los hombres recompensa alguna. “Cuando se hacen las cosas sin placer y sin gusto –decía- se trabaja mucho más por Dios. Es posbile que me saquen de aquí; entretanto procedo como si hubiese de estar siempre”.

(El Santo Cura de Ars, Arcaduz)

jueves, 23 de febrero de 2017

Lo que pudisteis haber sido…


- Vos deberíais suspirar por lo que pudisteis haber sido. En Citeaux solo veo el entierro de vuestro talento, me pregunto qué dirá el Amo de la casa cuando os ajuste las cuentas.

Esteban sonrío:

- Habláis lo mismo que un duendecillo que solía visitarme a diario durante mis primeros días de estancia aquí. A diario me decía eso que vos decís ahora, Pedro. Os aseguro que citaba las Escrituras con asombrosa exactitud y llegaba a asustarme con la parábola de los talentos. ¿Sabéis cómo se llamaba ese duendecillo?

- No.

- Satanás –dijo Estaban con una carcajada-. Debo deciros, Pedro, que me probó muchas veces con esa misma tentación, encubierta con palabras idénticas a las que acabáis de pronunciar.


- ¡Ay, Esteban…! ¡El mundo se está riendo de vos!

- ¡No sabéis cuánto me alegra divertirle! –repuso el abad en tono ligero- Sé de otro Hombre que de quien el mundo se burló hasta el desprecio y precisamente después de realizar un milagro. Tal vez sepáis de Quien hablo…

(Tres monjes rebeldes, P. Raymond).